Sobre las primarias de Podemos (y II): El poder existe.

Ese áurea de bondad que hoy parece destapada era molesta

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Pablo Iglesias en el Congreso, publicado 21/07/2016. Europa Press

Ayer opinaba sobre la elección que ha hecho Podemos en su congreso y hoy sería menester analizar un descubrimiento que habrá hecho mucha gente: El poder existe.

Cuando nació Podemos, quién se afilió o se simpatizó por desdicha y desconfianza al poder lo haría con ilusión y, quizás, después de todo esto aquel globo de helio se haya escapado de las manos. No obstante, el poder siempre está ahí, no sólo en la política: Existe el poder en todas las relaciones entre humanos.

Este afable y risueño rechazo del poder que hoy en día ejercen una cantidad ingente de personas es una caverna de ilusiones. Podemos y su congreso son, sencillamente, mi excusa para hablar de ello.

Que el poder existe y se manifiesta en la decisión de ir a cenar a un sitio o a otro me parece tan incuestionable que su búsqueda me parece lícita. Consecuentemente, aquella persona que tenga como objetivo moral alcanzar un mundo mejor no tiene más salida que enfrentarse al hecho de que va a tener que ostentar el poder o, al menos, uno de los poderes.

El problema, como casi siempre, es el cómo se llega al poder y qué se hace luego con él. Para cambiar el mundo cualquier persona tendría que enfrentarse, primero, a la voluntad de un círculo afable de personas para que le acompañen, sino, pregonaría en el desierto. Luego, esa persona que quisiera cambiar el mundo tendría que enfrentarse al hecho de que hay otras personas que contemplan que el cambio tiene que ser hacia otra dirección. Posteriormente, el sistema, que tiene medios de comunicación a los que hay que saber llevar y que jugarán en casa.

En definitiva, buscar el poder para hacer el bien no es malo, por muy mal que suene. Además, poderes hay muchos, que se lo digan a U2 cantando “Pride” o a Virginia Woolf escribiendo “una habitación propia”.

Por todo ello era molesta ese áurea de bondad que hoy parece destapada. Esa imagen inmaculada en la que el poder y la ambición no existían. Y sobre todo esa pureza, como si la izquierda fuera una, como si el resto fuéramos todos unos sátrapas.

En fin, descubiertas las vergüenzas, repito lo ya dicho: Ojalá PSOE y Podemos trabajen en la misma dirección.