Sobre Salvados: Registrar los cuerpos

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Acertó Jordi Évole de pleno ayer en Salvados, me resultó sobresaliente la aparición de un hombre que trabaja recuperando a maltratadores explicando el patriarcado, todo el sistema. “Es una forma de pensar”, dijo. A menudo reflexiono sobre mi papel como hombre blanco heterosexual en todos los casos de injusticia. Cada vez menos, pero ser hombre y feminista hasta hace poco era poco menos que ser una mujer más -con toda la connotación-, ya saben que los hombres no lloran. La relación entre las tres discriminaciones (género, sexualidad o raza) se resuelve de la misma forma: No discriminando, no ejerciendo el dominio que las leyes políticas, sociales o jurídicas me da. Évole sacó a un hombre que luchaba contra las violencias de género en el quid de la cuestión: Enseñando a no maltratar.

Particularmente, como amante del arte, además, me perjudica: El hombre debe ser emocionalmente inalterable, sin embargo, si me doy al arte es precisamente para conmoverme, es un razonamiento de mínimos e individualista, pero suficiente para considerar del todo absurda esa percepción del hombre de hierro. El rechazo pasa de suficiente a notable cuando, además, recluye al cincuenta por ciento de la población en una cárcel de señoras con las puertas abiertas.

Évole señaló además un problema del todo preocupante: Lo transversal del asunto. Marina Marroquí explicó que las violencias de género agreden a toda clase de mujeres, asalta al ático del centro y a la chabola, y lo que es peor, ataca a todas las edades. “Las princesas Disney necesitan todas ser salvadas” (ya hay alguna que se va salvando sola), varias canciones propias de emisoras de radio adolescente se adentraban en las ventajas de callarse la boca y darse en propiedad -luego dirán que la industria musical no es perjudicial para la salud- y, aparte de todo esto, el cacofónico reggeaton sigue matando neuronas. Un largo etcétera de despropósitos corroen a la juventud. No son ciertas las historias de “eso lo hacía mi abuelo porque eran otros tiempos”.

La ley es torpe, según el Código Civil, hay cosas que están “fuera del comercio de los hombres”, un cuerpo no debería de estar en propiedad más allá del ánima que lo ostente, sin embargo, recuerdo las imágenes del tren de la libertad en las que una cola de personas iban al Registro para registrar su cuerpo. Desde el punto de vista estricto es algo surrealista, nadie puede poseer el cuerpo de otra persona, por lo que registrarlo sirve de poco. La realidad indica todo lo contrario, registrar el cuerpo parece ser una necesidad para que nadie más tenga derechos sobre él, y eso sí que es surrealista.