Socialista sin carnet

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Andalucía al Día, José Campanario

Me inunda el sentimiento nostálgico de hace 40 años, cuando asistí a mi primera asamblea en la que los aires de libertad, de progreso y de justicia se respiraba en cada intervención, en cada una de las palabras que todos los que intervinieron. Todos sin excepción, dejaron muy claras sus ansias de conquistas sociales, de camino hacia una sociedad más igualitaria llena de esperanzas y en la que la clase trabajadora (todavía se hablaba sin sonrojo de clases sociales) fuera protagonista y destinataria de un mundo nuevo en el que las fronteras imaginarias, y no tan imaginarias, de las desigualdades fueran por fin eliminadas sin remisión.

Cuarenta años más tarde, el sentimiento de nostalgia se vuelve profundo y con pocas esperanzas de que el sueño juvenil que me embargaba tenga un final feliz. Y no es cosa de la madurez, en la que por cierto me he instalado con todo el aire de rebeldía y de inconformismo que he mantenido durante toda mi vida.

Verá usted, amigo lector, ser socialista en la actualidad no tiene nada que ver con tener el carnet del PSOE. Es más yo diría que es incompatible con pertenecer a la secta de Pedro Sánchez, del dandy de cabellos plateados ex encantador de masas y de tanta baronía que tiene muy poco de ídem.

Hoy para ser socialista hay que ser defensor de la justicia, contrario a las desigualdades, estar en contra del enriquecimiento ilícito de bancos y grandes fortunas, ser defensor de las libertades… es decir, estar dentro del sendero que delimita la justicia; mejor con mayúsculas: LA JUSTICIA. Hoy, ir en la línea marcada por Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE y de la UGT, es ir contracorriente del partido liderado, creo que por poco tiempo, por Pedro Sánchez. Hoy para presumir de socialista se requieren dos cosas: no tener carnet del PSOE y tener muy claro el ideario recogido en el programa máximo redactado por los fundadores del socialismo español y ratificado una y otra vez por todos los Congresos.

Si se le pregunta en estos momentos a una persona que tenga el carnet del PSOE, me atrevería a decir que hasta a algún dirigente, por el programa máximo seguro que te pone por delante el programa de gobierno con el que se presentaron a las últimas elecciones. Eso de los medios de producción en manos de los obreros, las máquinas, las minas, etc. a las que aspiraba el partido fundado por Pablo Iglesias Posse, seguro que piensan que es algo de algún libro escrito por Lenin (si es que saben quién fue Lenin).

El PSOE actual es mucho más pragmático: aplica recortes en Sanidad, en educación, en las plantillas de personal al servicio de la administración… No podemos olvidar cómo fue precisamente Rodríguez Zapatero el que cortó la cinta inaugurando la “reforma” laboral; es a ZP al que cupo el “honor” de la primera bajada de sueldos a los trabajadores públicos. Y esto no fue más que el reflejo de lo que se piensa en el PSOE: de que el salario de un trabajador sea intocable, un derecho inalienable, algo poco menos que sagrado, se pasó a una rebaja generalizada de sueldos. Nunca, en mis varias décadas de vida laboral, había conocido una bajada de sueldos, al menos yo no recuerdo ninguna.

Por eso, hoy ser socialista es identificarse con la defensa de la libertad, con la aspiración a una sociedad más justa, con conseguir la eliminación de la explotación humana, eliminar fronteras entre los trabajadores… conseguir que se pueda volver a soñar en la utopía.
Para ello, primero hay que pasar por recuperar derechos conseguidos a base de muchos años de esfuerzos y sacrificios y perdidos en una semana, eliminar los “robos” legales de los banqueros y acabar con los privilegios de la minoría que pisa a la mayoría de los ciudadanos.

Por desgracia mis sentimientos parece que son tan sólo quimeras de un viejo socialista.