Sociedad del ruido

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El problema tal vez pudiera radicar en una cuestión de descoordinación: hay quien se acuesta cuando otros se levantan. El quid de la cuestión es el tiempo que comparten, unos intentando dormir y otros empeñados en divertirse sin importarles si molestan o no a los que descansan.

Que haya gente, lo de personas mejor dejarlo aparcado al menos de momento, que tenga por costumbre poner la música a todo volumen en el coche y encima abrir las ventanillas, puede ser algo genético, si por genético se entiende poca educación y ausencia absoluta de civismo. Pasearse con el vehículo cargado a tope de decibelios, a cualquier hora, incluso de madrugada, no es cuestión baladí, es simplemente falta de vergüenza y desprecio hacia el resto de las personas.

Cada vez es más frecuente que las calles de nuestras ciudades y de nuestros pueblos sean recorridas por coches con la música a todo volumen, que haya gente hablando, mejor dicho, gritando a cualquier hora, se repite: incluso de madrugada. Entre tanto, mientras unos se divierten, cual cigarras cantarinas, otros se ocupan en descansar para acudir al trabajo. No todos tienen la posibilidad de acostarse a las 5 de la mañana, ese es un privilegio reservado a la estirpe ni-ni, hay gente que se levanta a esa hora, las 5 de la mañana, para ir a trabajar, o simplemente, está durmiendo, disfrutando del derecho al descanso. Por eso, el problema radica en el tiempo compartido: unos tratando de descansar y otros haciendo la cigarra veraniega.

Dicen las estadísticas que somos los más ruidosos de Europa, bueno tal vez superados por algún otro país que roza, tan sólo roza, el europeísmo geográfico, el resto de los europeos nos aventaja de largo, en soportar menos decibelios, bastantes menos decibelios en muchos casos.

Hay quién argumenta que es cuestión de cultura, de cultura del ocio. Tal vez sea que entienden la cultura, y el ocio, en sentido contrario y convierte en cultura lo que es simple incultura, mala educación e incivismo y en muchos casos, en poca educación de los padres. No se puede comprender de otra forma que abunden los niños, sí niños, o sea menores de 14 años, gritando, bebiendo (auténticas borracheras con frecuencia rozando el coma etílico) y molestando hasta altas horas de la madrugada. En muchos casos, los padres se molestan porque se les llame la atención justificando esta incívica conducta de sus retoños; “es que tiene nada más que 16 años”, argumenta el progenitor que debiera hacer las funciones de padre, o sea de educador, cosa bastante complicada cuando los mayores son tanto o peor mal educados que los jóvenes. Porque cuando los padres son los maleducados, ¡mala solución tiene el problema!

Para más gravedad del caso, existe normativa que ampara el descanso. Pues señores competentes, ¡aplíquenla y sean consecuentes con su juramento o promesa al tomar posesión del cargo de “respetar la Constitución…, cumplir y hacer cumplir las leyes…”, imponiendo sanciones a los que no respetan a los demás! Porque está más que demostrado que las únicas razones que entienden estos desaprensivos son las que les araña el bolsillo. Todo lo demás es perder el tiempo y mirar hacia otro lado para que el sillón, y la generosa nómina mensual, no corran peligro. O al menos eso piensan los que ocupan poltronas y cobran su salario de los impuestos de los ciudadanos. Tal vez, a medio plazo, les salga mal la jugada.