Soy Andalú

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En un alcorque del barrio de Triana un niño escarbaba y escarbaba, palaustre en mano, sin saber qué era realmente lo que buscaba. Y entre raíces y raíces se paraba y en silencio las contemplaba, con la mirada perdida, curiosa y callada. De vez en cuando se levantaba y se acercaba al alféizar de la ventana para refrescarse con un vaso de agua, aprovechando para asomarse al zaguán donde su abuelo, a la sombra fresca, lo vigilaba.

– Ven pacá shikillo ¿Qué é lo que buscas miarma?
Mu fasi abuelo, las raíses de nuestra habla.
– Anda, anda ¿Y pa eso te has puesto comío de tierra? Vamos a rellenar el arriate y a  darte un baño mientras te cuento dónde están esas raíces que me buscas.

Nosotros los andaluces guardamos nuestra habla en el pecho, al laíto del corasón, en nuestra boca y en la cabesa. Y no hase farta ehcarbá para encontrarla, pues con sólo mirá y mirá ahí está y más al escucharla. ¿Te acuerdas de cuando fuimos a Graná a ver la Alhambra? ¿Recuerdas esas paredes que dibujadas estaban? pues todo aquello eran letras que nuestros antepasados usaban, de cuando había filósofos, médicos y grandes reyes que en estas tierras moraban, mientras en el resto de Europa habitaban animales incultos, curanderos con sangrías y el miedo, ah, y muchas ratas.

Nosotros ya disfrutábamos de este cielo azul, del pescao fresco, de los durses de miel, de alfajores y de las sardinas de espeto en las playas malacitanas. Aquí vivíamos entre medinas y zaharas, como la que baña el río cachón en tierras gaditanas, gente de pesca y celebraciones, de cachondeos y chirigotas.

¿Sabes aonde se esconden las raíses de nuestra habla? Pues mira, en Almería la tienes guardada en la Alcazaba, o en los túneles y cuevas de Níjar, en el cortijo de los frailes, en todo el cabo de Gata, en el castillo de Santa Catalina de Jaén, en sus baños árabes, en las juderías de toda Andalusía, en las huertas, en las ruedas de los molinos y en sus acequias, en el almirez de tu abuela, en la sandía, incluso en esta alcayata.

Y en Huelva ni te cuento, allí podrás acariciar nuestras raíses en toda Niebla, en patios de iglesias, en su gente, en sus murallas, en la sierra de Aracena, en Linares, en Alájar, en las redes de pesca que vieron nacer a La Higuerita, en el oro y el cobre que los romanos ya arrancaban, en todos y cada uno de los andaluces que con Colón llevaron a América nuestra habla.

Y ven y mira cómo nuestro sol ilumina la Giralda, mitad mora y mitad cristiana, al´laíto el barrio de Santa Crú, donde en sus calles se esconden los ecos del sefardí diluidos con la lengua castellana, la que nos trajeron los reyes cristianos mientras estas tierras repoblaban, sin poder arrancarnos de nuestra cultura Andalusí, aquella que se fue a dormir mirando al mar desde la Axarquía, en los gaditanos pueblos blancos o en las Alpujarras. Porque verás jomío, el andalú se lleva bien dentro, pues tenemos una tierra repleta de cultura, pintores, escultores, literatos… hasta emperadores de la época romana, sin poder olvidar el siglo de oro o cuando en España no se ponía el sol y los andaluces éramos, somos y seremos gente del mañana, por mucho que a los demás le duela no podé vé este sielo tan asul, disfrutando del acento andalú, celebrando quienes somos con una copa de manzanilla de Sanlúcar de Barrameda.

Post data: Todo mi agradecimiento a todas esas personas que llevan el andaluz por bandera, a todos los artistas que han recibido la absurda crítica por el uso de nuestra lengua en la serie La Peste, a todos ellos que cada día hacen más grande nuestra habla y nuestra cultura. Soy ANDALÚ y lo digo con la boca bien llena de orgullo.