Suspiros de España, la copla definitoria

Mal le pese a mi identitarismo andaluz, pero tiene algo esta copla.

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Fotograma de "Soldados de Salamina", de cuya BSO forma parte Suspiros de España. Youtube

En una fiesta del costumbrismo yo pasaría por ser el más rancio. Hablaría en octasílabo como si fuera aquello una copla, iría con sombrero, clavel en la solapa y el bigotazo que tantas veces he querido tener y nunca me ha quedado bien. Llegué a esta conclusión ayer cuando, no sé bien porqué, me puse a escuchar una de las mejores obras musicales que se han hecho en este país: Suspiros de España.

Mal le pese a mi identitarismo andaluz, pero tiene algo esta copla. Me da en los oídos como si fuera el triunfo de una decadencia encantadora ¡Triunfe la decadencia! Será que estoy en Madrid y aquí la tuberculosis se fue de todas partes menos de las paredes, pero no es suficiente, ya no tiene ese gancho romántico de los que perdieron. Imagínense la tristeza de ser escritor y poeta en el Madrid pos-movida madrileña, aquí ya no hay quien escriba con tanta prosperidad y tanto Estado de Derecho. Antes, la bondadosa decadencia artística estaba ahí, se veía, mi tía cuenta cosas maravillosamente tristes de la movida, ahora somos tan decadentes que no tenemos ni decadencia, ya no podemos tener ni amigos que cuenten historias truculentas que inspiren canciones como frío.

Los hay (y me incluyo) que sueñan con la decadencia y lo escondido, lo clandestino, para que les prohíban y no ser ya jamás de los que buscan lo prohibido para bebérselo, sino ser lo censurado, estar prohibido por ser peligroso para la salud y la moral pública igual que la obra que he visto hace poco de Cristina Bernal y Ángel Burgos. No pido que vuelva Franco para que prohíba mis escritos y persiga a quiénes me lean («le metieron al presidio porque le pillaron leyendo a Fernando», ay, por favor, que me derrito); pero ya podría Rajoy hacer algo más de ley mordaza para acusarme o acusarnos públicamente de malhechores, masónicos y anti-españoles o algo así que nos de cierto aire necrológico.

Algo así me da esta copla, una sensación de mal país, de patriotismo equivocado y banderitas de trapo que se escapan y se escapan, como cuando se caen unas medias beige, gordas y antiguas del tendedero y baja una señora a buscarlas a la calle, con varices y lumbago.

Guille Serrano dice que tendría que ser el himno de España, con ese bigotazo parece más costumbrista que yo. No sé yo si para tanto, pero creo que nos explica muy bien a los españolitos y españolitas. Que si rosal, que si quiero volver… Pero, permítanme el apunte, sí que merecemos un himno así, de consenso que se dice ahora, un pasodoble con música triste pero enérgico y triunfante en su manifiesta y mísera debilidad.