Take it easy, loco

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Una de las cosas más curiosas y divertidas de nuestro tiempo es sin duda nuestra maravillosa capacidad de ofendernos. Por cualquier tontería, estamos a la que saltamos.

Que si humoristas, que si músicos…los artistas son la primera línea de fuego. Están cayendo como moscas, y más desde que nos colaron la mordaza de las narices. Son los más valientes y son casi mártires joder.

Pero el asunto llega más allá de la pantalla del televisor o el ordenador. Llega hasta el sofá de tu casa y te trepa por la pierna como una culebra. No se libra nadie, piense lo que piense y vaya de lo que vaya, de ese hastío o como me gusta llamarlo aunque suene fatal, de esa cara de oler a mierda. Es una infelicidad general, unas ganas de fastidiar al vecino a la mínima que saque los pies del plato. Viejos increpando a conductores temerarios a golpe de bastón en carrocería que acaban cobrando tal tortazo que van directos a la tumba.

Esta sociedad nos ha aplastado. Es bestia decirlo pero es así. Culpa al capitalismo, culpa a los gobiernos, culpa a los dioses. El caso es que nos ha hecho alejarnos del cariño por el prójimo. De alegrarnos del triunfo ajeno, de aceptar con dignidad una derrota, de tener la perspectiva de caminar por la vida sin pisar el pie de nadie. Nos hemos obsesionado tanto con competir que cada vez que hablamos con alguien somos incapaces de ver más allá de su cara. Sin llegar a entender que detrás hay alguien, seguramente, con nuestros mismos miedos. Alguien que también ha salido de su casa lavándose la cara y prometiéndose que será un buen día.

Siempre me ha rondado por la cabeza la idea esa de que el ser humano no puede vivir sin conflicto. Cada día pienso mas en que es una verdad como un templo. Nos saca de la rutina, es dramático y emocionante. Es como arrancarse una postilla: no viene bien y no es sano, no se debe de hacer pero…da gustito, ¿o no? Pues hay lo tienes. Y si lo mezclas con la sangre española, ya se ha liao. Los medios de comunicación tampoco es que ayuden mucho la verdad. Con la pasta que ganan con el escándalo son los primeros que se apuntan a una bulla.

Me apasiona la idea de averiguar de dónde viene tanta tensión y si siempre ha sido igual, pero ni soy tan listo ni he terminado mi DeLorean casero aún. Asi que me quedo mirando y entrando al trapo, como todo el mundo. Cuando me tocan mis fibras sensibles (como Led Zeppelin) trepo por las paredes, y luego en casa me da cosita. Aunque es cierto que no hay que callarse nada, el asunto no va tanto con el mensaje sino con las formas.

Asi que me voy con una de esas canciones que, cuando la escuchas, es imposible cabrearse o tomarse algo en serio (salvo el tremendo arte mágico-sensual de Robert Plant al micro). Da igual cómo haya sido el día de frustrante, baila suave el D’yer.