The Beatles: Oda a una separación dramática y furiosa

Sólo una cosa podía tapar semejante cantidad de buena música: Un montón de porquería.

155

El 10 de abril de 1970 se produjo el fin de una era: Paul McCartney anunciaba que los Beatles se separaban. Lo anunciaba mientras anunciaba que sacaba un disco en solitario. Por si quedaba alguna duda de que aquello iba a ser dramático, triste y desolador.

The Beatles: Oda a una separación dramática y furiosa

Ya que te separas, te separas bien. Y dejas de saludar, qué narices. Hay un vídeo terrible y desafortunado de Paul McCartney sobre la muerte de George Harrison. No se puede ser más ambiguo. Sale del coche, las manos en los bolsillos, pose despreocupada, chaqueta, camiseta y vaqueros. Suena, de fondo, la llamada de un nokia, el teléfono estrella de la época, estamos en 2001. “I’m very sad, devastated” (Estoy muy triste, devastado), inflige más que dice con su acento británico. “Nos conocemos hace mucho”. Ya ves, y tanto.

Creo que la clave de los Beatles siempre estuvo en McCartney, porque nunca ha sido guay. Ser o no ser guay ha sido siempre más importante que tocar tres o cuatro instrumentos y cantar como los ángeles. McCartney (zurdo, bien peinado y dulce) siempre fue alguien que apostataba de rock’n’roll y en la siguiente canción volvía para adorar a Elvis. No era Ringo, que por feo ganó en carisma. Tampoco era Lennon, que sí que era bastante guay con sus declaraciones extrañas y sus desnudos excéntricos. Incluso George Harrison, callado, a lo suyo, pero apostando por viajar a India para volver a encontrar el sonido, era más guay que Paul McCartney.

El caso es que Paul McCartney hacía muy buenas canciones. Y adaptaba muy bien los standars del viejo rock a lo que eran los Beatles, al fin y al cabo, el grupo que inventó el pop tal y como lo conocemos. Acaso la última operación de marketing fue Yoko Ono y su contribución a todo esto. O estas controversias, esas declaraciones ambiguas de los cuatro. Así fue que recibieron su entrada en el salón de la fama y Paul McCartney no pudo ir. Y dice Harrison: “Es una pena que no pudiera venir, se lo hubiera pasado bien (…) pero no nos arruinó la noche lo de que no viniera”. Les dejo con el vídeo completo, no tiene pérdida.

La mejor separación de la historia

Hace poco, me quejaba porque Bob Dylan no había tocado mis canciones favoritas en un concierto en Madrid. Claro, que, si todos cogiéramos 20 canciones de Dylan, ¿cuántas coincidirían? A eso habría que juntarle el hecho de que el artista también tendrá algo que decir al respecto. Los Beatles conformaron una de esas bandas sobre las cuales es difícil escoger sólo 20 canciones. En el álbum Magical mystery tour, sin apenas empezar, ya están: Penny Lane, all you need is love, I’m the walrus, Strawberry fields forever, Baby, You’re a rich man, Blue jay way o your mother should know. Y, prácticamente, no hemos empezado.

Por todo ello me parece la mejor separación de la historia. La mejor medida -unos días se llevaban bien, otros regular, eso dependía de cómo estaba la primavera-; la más mediática -me da la impresión de que era algo así como: Hey, Rolling Stone, ven, que te cuento algo turbio-; el mayor negocio -¿Qué duda cabe?-. Era lo único que podía silenciar tan buena música: Un montón gigante de porquería. Y eso que eran buenos, eh, buenísimos.