A ti sí que te cortaba el rabo y las orejas

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Estoy que no quepo en mí, porque de vez en cuando este país tiene algo de decencia. Por fin van a dejar (o de eso tiene pinta de momento) de mutilar a nuestros colegas caninos por gilipolleces. Esta vez sí que voy a hablar de algo que sé de primera mano. Las orejitas, las quiero en su sitio. Y las colas en su salsa, derecha-izquierda con movimiento desenfadado.

Para el que no lo sepa, un perro habla. Habla muchísimo. A su manera, pero con el tiempo conversas más con él que con cualquier otro ser vivo si es muy pegado a ti. Se acostumbra al trato con su dueño y aprende (aunque no entiende literalmente) lo que le está intentando decir. Y entonces responde.

¿Y cómo responde? De tres maneras: ruidos, miradas y gestos. Las dos primeras son fáciles de imaginar, pero la tercera es la que nos atañe. Un perro necesita su cola y sus orejas para comunicarse. Sí o sí. Porque gracias a ellas puede mostrar su estado anímico al resto del personal (otros perros y humanos). Básicamente, es como si a ti te cortaran la lengua o las manos.

¿Tiene el rabo entre las piernas? Tiene miedo. ¿Lo tiene tenso y casi horizontal? Te va a morder como no espabiles. ¿Lo menea de lado a lado suavemente? Ráscale la panza, que te ve como a un colega. Con las orejas es tres cuartos de lo mismo. Si las levanta está en alerta, si las agacha está sumiso…Y no me voy a poner a recitar aquí las grandes frases de César Millán ni mierdas por el estilo porque la mayoría las conocemos ya.

No puedo entender porque la derecha quiere negarse a toda esta historia. Es absurdo. He llegado a ver lo del diputado personajillo que defendía que “los rabos de los perros de caza pueden hacer daño a sus dueños” por efecto látigo. ¡Efecto látigo dice el fiera! Tendrá dragones en su finca, o a lo mejor se ha confundido con la fusta que tiene en el armario para los viernes noche. La que está colgada al lado del conjunto ese oscuro con cremalleras.

De lo que estoy seguro es de que no ha tenido un perro en su misera vida. Y si lo ha tenido, pobrecito de él. Puedo entender la castración, que tampoco me hace gracia, pero la entiendo. Mi colega está castrado, ya venía así del refugio pero yo lo hubiera hecho también la verdad. Se te puede ir poco rápido a una carretera por el celo, es un animal que tiene un instinto que no puede controlar. Pero es totalmente indefendible el hecho de mutilar sus mayores herramientas de comunicación social. Aunque sinceramente, creo que a un cazador no le importa mucho que su perro hable o no. Esa gente ve a un perro como ven a su escopeta: sirven para trabajar, es como el martillo o la pala del cobertizo. Cuando no sirve se tira y se compra otro.

Que se jodan. Esta semana, se joden. Recuerdos desde mi sofá de parte de Häendel: hoy nos reiremos de todos ellos escuchando a Seamus y su temita con los Floyd. Sí, un perro también puede aprender a blusear. Y no, no todos los humanos podemos aprender blues por lo visto.