«TNT y Ricardo Iniesta lo han vuelto a hacer: no se pierdan Marat/Sade»

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Andalucía al Día, Marat Sade TNT Atalaya

El arte de calidad resiste perfectamente el tiempo, ahí tenemos las esculturas griegas y a los autores griegos (Eurípides, Sófocles, Esquilo, Homero…). Quizá se deba a que el arte de calidad habla del ser humano y al ser humano le cuesta mucho cambiar, por eso obras antiguas resultan tan actuales. Precisamente esto es lo que ocurre con Marat/Sade, la adaptación que TNT nos propone a las órdenes del reconocido director Ricardo Iniesta.

Esta obra, escrita en 1964 por Peter Weiss nos adentra en distintos niveles de realidad: un grupo de enfermos mentales, capitaneados por el marqués de Sade, encarnación del individualismo, se dispone a representar una obra de teatro que hable del papel de Jean-Paul Marat, adalid de la defensa de lo social, durante la Revolución Francesa. Nos encontramos, pues, ante un juego: teatro dentro de teatro, o lo que es lo mismo, actores que hacen el papel de enfermos mentales, y a la vez estos enfermos mentales hacen el papel de revolucionarios sociales.

No puede estar de más actualidad esta obra, que se convierte (no sé si contra su propia voluntad) en una metáfora encarnada y desgarradora de la España presente. En ambas, en la España presente y en la Francia revolucionaria, encontramos personas idealistas que desean el bien común y tratan de derrocar un sistema político y social que abomine de las injusticias y de las desigualdades. El individualismo de Sade, sin embargo, ve con claridad (y esa claridad se vuelve más dolorosa al estar preso en un sanatorio mental) que las revoluciones sociales solo sirven para que el poder cambie de manos, para que unos pocos sigan dominando al pueblo entero. Se trata, por lo tanto, de enfrentarse a la utopía hecha añicos, como el mismo texto dice: Supimos hacer una revolución, pero no gobernarla.

Siempre admiro la apuesta teatral, estética y artística que nos ofrece TNT, Ricardo Iniesta o Atalaya (íntimamente unidos y relacionados los tres). Como bien explica el propio grupo, en Marat/Sade se mezclan las propuestas del teatro épico de Brecht, el teatro de la crueldad de Artaud y el teatro grotesco de Meyerhold, aunque yo me atrevería a decir que también encontramos cierto teatro esperpéntico de Valle-Inclán. Estas tres propuestas, o cuatro si se atiende la mía, tienen en común su voluntad de que el espectador no sufra catarsis emocional, sino que se enfrente a la obra como un observador directo, reflexivo, que debe extraer sus propias conclusiones frente a lo que ve. Es, por lo tanto, un teatro que pretende influir en la sociedad y transformarla. La puesta en escena es sencilla y muy efectiva: el juego de cortinas proporcionan a la escena un ambiente de decadencia y ayuda muy eficazmente a crear los distintos espacios en los que se superponen los personajes (enfermos mentales versus revolucionarios). Al escenario vacío, lleno de pronto por esa especie de telones y todas las posibilidades que ofrecen, se les suma en ocasiones un piano, la bañera de Marat y unas banquetas. Todo en escena aparece y desaparece con naturalidad y limpieza, lo cual demuestra la buena labor desde la dirección. El trabajo de los actores es también impecable, fruto seguro de muchas horas de entrenamientos y ensayos: sus voces, su expresión corporal, siempre tan vivas, caracterizan a la perfección a los personajes, pero también su vestuario, su maquillaje, su peluquería. Y es que todos los elementos escénicos se conjugan en esta obra y se vuelven esa unidad teatral, estética y artística que funciona siempre tan magníficamente y que resulta sorprendente e impactante.

TNT y Ricardo Iniesta lo han vuelto a hacer: no se pierdan Marat/Sade. Les ayudará a comprender mejor la sociedad en la que vivimos hoy en día en España, en parte revolucionaria, en parte utópica, en parte individualista, merecedora de estar confinada en las oscuridades de un manicomio.