Toni Morrison: la difícil tarea de criticar a una Premio Nobel

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Esta imagen se publicó originalmente en Flickr y fue cargada en Commons el 30 de noviembre de 2008 por AxelBoldt.

El próximo martes se cumplirán ochenta y nueve años del nacimiento de Toni Morrison. La autora estadounidense fue reconocida con el Nobel en 1993 y con el Pulitzer en 1988 por su novela Beloved, sin embargo, no me gusta su literatura. Creo que construye sus frases con un estilo vacío, que busca con ahínco una especie de mística que no llega porque tanto el lenguaje usado como la construcción del mismo (siempre bajo mi respetuoso punto de vista) no da el nivel. Tengo la impresión de que la crítica no la alaba por su literatura, sino por hablar de un determinado tema. De eso quisiera escribir yo: esa forma de hacer crítica me parece simple. Creo que es mucho más sencillo hablar de las bondades políticas de Morrison que pararse a observar cómo escribe al respecto. Desde el punto de vista literario, esta crítica me parece hortera y cobardica; desde el punto de vista político, da la impresión de que se trata a Morrison como si necesitara ayuda y no como a una igual. Esto me resulta condescendiente y, por lo tanto, absolutamente contraproducente.

Razones para leer a Toni Morrison (para que se vea que no soy tan malo)

Morrison pone el foco en una novedad: La población de origen africano de los Estados Unidos de América. Lo hace, además, desde un punto de vista femenino y subjetivo. No me gusta Toni Morrison, pero he de reconocer que leer sus novelas es leer la verdad (esa palabra que Manuel Carrasco acabará por desprestigiar, dadas sus canciones). Ese punto de vista engrandece la literatura en general y su literatura en particular.

Su voz es, en definitiva, interesante. Estamos en 1970 y la literatura estadounidense es blanca y masculina. Toni Morrison pasa de editar a escribir y publica Ojos azules, una novela escrita desde una subjetividad que, vuelvo a reconocer, resulta apasionante. Todo ello hace que me parezca normal que haya a quien le guste mucho. Lo que sucede es que –disculpen la insistencia- todavía no he hablado de estilo literario.

Teoría: Experiencia femenina (Riley) y écriture femenine (Cixous)

Por todo lo anterior, la crítica parece adorar a esta señora. No estamos de acuerdo. Riley habla de una “experiencia” que los hombres no tenemos y cita a varias autoras observando que, como la crítica literaria está llena de hombres, estas novelas quedan relegadas al olvido. Sencillamente no entendemos qué quiere decir la autora. Repaso mis últimas lecturas, dado el primer párrafo de este artículo, tengo un miedo terrible a ser un “polla-vieja”. Marta Sanz, Rosa Berbel, Sara Mesa, Siri Hustvetd… Todas son muy femeninas en su literatura. No creo, por tanto, que mi problema sea que la literatura de Morrison sea demasiado femenina.

Es por eso que recurro al lado contrario y me pregunto: ¿Da vergüenza ajena el Oscar a Rocky? Sí. Vale. Pues tampoco es eso. Creo (aunque la deconstrucción nunca es suficiente) que puedo decir que el nivel de testosterona no me afecta a la hora de juzgar. Jungla de cristal, Rocky, Rambo II, III, IV (creo que la primera tiene un pase) y las fatuas obras de Jean-Claude Van Damme o Steven Seagal me resultan soporíferas.

A lo escrito por Riley ha de añadirse lo escrito por Hélène Cixous. Esta autora francesa habla de ècriture feminine: La escritura a llamar “femenina” tiene un lenguaje distinto, referido a una experiencia femenina. Es decir, es otra técnica, otra forma de hacer las cosas que podríamos adherir, de alguna forma, al feminismo de la diferencia. Dicho de otra forma: Si Rocky, en su campeonato mundial de testosterona, es ècriture masculine (espero que entiendan la hipérbole, líbreme la providencia de semejante cosa); las películas de Isabel Coixet son ècriture feminine.

L’écriture feminine es una buena nueva

Por supuesto que ser mujer marca la literatura que se escribe, en tanto que el arte es una expresión en busca de la belleza que, cuando una persona se libera, se convierte en subjetiva. Vuelvo, como casi siempre, a Toril Moi, que observa que todo lo que consideramos femenino está denostado. ¿Qué es lo femenino? –Deberíamos preguntarnos-. Lo femenino, según Moi, es aquello que relacionamos con el campo semántico de la maternidad. Es decir: ternura, fragilidad, los cuidados, el cariño…

Todas estas cualidades son cualidades que Hemingway envolvería en un pañal y tiraría a su peor enemigo. De hecho, lo masculino, ese nauseabundo “ser un tío” no tiene definición: Uno es un macho en tanto que se separa de lo femenino. Así que Steven Seagal debe hincharse a dar hostias para que no se nos olvide que, efectivamente, es un machote.

L’écriture femenine en cifras

Así que l’ècriture feminine de la que habla Cixous es una buenísima noticia. Una voz literaria que empieza “antes de ayer”, pero que ha estado ahí siempre. Sencillamente, antes no era leída, no existía físicamente y, por lo tanto, no existía. Dicho de otra forma, nos hemos perdido la mitad de la literatura universal y gracias a personas como Morrison estamos en fase de recuperación. A pesar de ello, las cifras siguen siendo preocupantes. Si la mitad de la población mundial es femenina, resulta extraño que sólo les sean otorgados el 10 % de los premios literarios (año 2016). Fuera de los premios, las mujeres (el 50 % de la población –repito-) son autoras de sólo el 32 % de las publicaciones (año 2019).

Sin embargo…

Sin embargo, encuentro en Morrison una excesiva sentimentalidad. Como decía antes, creo que apela demasiado a los sentimientos de la lectora y muy poco a la estética, es decir (como ya he escrito): creo que es una literatura demagógica. Como no puede ser de otra manera, Morrison busca engrandecer estéticamente una acción novelesca, no obstante, lo que yo siento al leer es que se ha pasado de frenada.

Un ejemplo: Este párrafo de Ojos azules

But it was really like that? As painful as I remember? Only mildly. Or rather, it was a productive and fructifying pain. Love, thick and dark as Alaska syrup, eased up into that cracked window. I could smell it –taste it- sweet, musty, with an edge of wintergreen in its frosted windowpanes. It coated my chest, along with the salve, and when the flannel came undone in my sleep, the clear, sharp curves of air outlined its presence on my throat. And in the night, when my coughing was dry and tough, feet padded into the room, hands repined the flannel, readjusted the quilt, and rested a moment on my forehead. So when I think about autumn, I think of somebody with hands who does not want me to die.

Tanta sensorialidad, tanta intensidad, me perturba. “Así que cuando pienso en el otoño, pienso en las manos de alguien que no quiere que yo muera”. El amor, que entra como el sirope de Alaska. Que se puede oler, que se puede saborear. Que venga otra frasecita corta por aquello del ritmo y el no complicarse la vida. La voz habla de que está enferma y alguien la cuida y lo hace en primera persona. Creo que todo lo que dice en este párrafo podría haberse dicho en, como mucho, dos frases y que, desde luego, ese final –repito, bajo mi punto de vista- de hipérbole y vértigo me parece absolutamente innecesario.

Este párrafo es el antecesor de los post en Instagram y en las infernales páginas de influencers horteras de Facebook. El antecesor de los puntos suspensivos cuando hay que poner una coma… Es el antecesor de la descripción de un día plácido que acaba con un horripilante punto y seguido (¡o a parte!) que acaba en expresiones absurdas. Y qué bien. De la interminable sucesión de “porqués”… Porque la literatura no es eso. Porque me parece poco menos que una parodia. Y porque es repetitivo, cargante, pesado… Como una lista de sinónimos.

El problema escondido: La condescendencia

Hacer un análisis político de una obra literaria está bien si el propósito es desvelar un subtexto ideológico, identificarlo mediante unos parámetros marcados previamente en un marco teórico, analizarlos y llegar a una conclusión científico social. En Beloved, Morrison plasma un empoderamiento de toda la comunidad de mujeres. La película Antz, se posa en un trasfondo marxista y el film En busca de la felicidad es un canto al liberalismo económico.

Observo, no obstante, que deben analizarse las razones técnicas que hay en la obra y, con base en ello, juzgar si es buena o no como ente artístico. Habitualmente se tacha la obra de Morrison de buena sin acudir a estos patrones. Entonces, podríamos decir que la obra de Morrison es buena en su faceta política (¡que lo es! ¡y mucho!), pero hasta que no analicemos su estética, la faceta artística de la obra no debería ser reseñada.

Una caridad innecesaria

Francamente, cuando leo crítica sobre Morrison, leo mucha condescendencia. Una escalofriante caridad literaria que perjudica a toda aquella persona que esté en una situación análoga. Espero que Morrison haya inspirado a muchas más mujeres a escribir, quizás sin la existencia de Morrison esto hubiera sido imposible. Me inclino, pues, y doy las gracias por su tan meritoria acción. Pero eso tampoco es un juicio literario, sino contextual.

Citaré otro ejemplo: me sienta como una patada en la intimidad que un líder político no diga de Lorca más que era homosexual. Nombrar su sexualidad es un complemento que ayuda a entender mejor su obra, pero no es “su obra”. Reducir la crítica sobre Lorca a “era muy bueno. Además, era gay”, resulta truculento, acaso un detector de incultura. Recuerda a cuando preguntaron a Albert Rivera por un libro de filosofía. “Recomendaría a Kant”, dijo el político. “¿Algún libro en particular?”, insistió el alumnado de la Carlos III. “Bueno, en realidad no me he leído ningún libro suyo…” Y se terminó la conversación con una demostración supina de la más absoluta falta de interés en la obra de, en este caso, un filósofo.

Si hubiera sido una filósofa –Hannah Arendt, por ejemplo- Rivera hubiera añadido: “Es una gran mujer… No me he leído ningún libro suyo, pero qué duda cabe de que fue una gran mujer”. Este tipo de bienintencionandas caridades quizás sean necesarias porque visibilizan, dan publicidad, crecen las ventas –cosas del mercado, camaradas-, y, al final, se produce la lectura de una mujer, y después de otra, y después de otra… Pero sigo sin hablar de literatura.

Conclusión

Que la literatura ha estado copada por varones me parece una obviedad. Que se ha impedido la promoción de mujeres artistas es un hecho histórico. Dicho eso, la apuesta por mujeres artistas y su promoción mediante festivales, concursos, espacios, etcétera es necesaria. Es más, diría que queda mucho por hacer y que las acciones antes citadas ayudan. No obstante, el arte debe ser arte en sí mismo y tener calidad per sé. Y esa calidad es patrimonio de la artista, no de su biografía.

¿Debemos examinar el contexto? ¡Por supuesto! El contexto nos ayuda a entender mejor la obra, pero no puede convertirse bajo ningún concepto en la obra en sí, si no es a través de significantes reflejados en un significado estético. Todo lo demás es un mitin falto de emoción y puesto al servicio de algo que, en la mayoría de los casos, resulta repetitivo.