Trabajar en Agosto

189

Mire usted por donde, todo tiene sus compensaciones: también, aunque no lo crea usted, trabajar en Agosto. El personal escasea, las colas para los desayunos desaparecen (bien es cierto que hay menos oferta para desayunar porque muchos bares cierran, pero vaya lo uno por lo otro), el tráfico no es ni la cuarta parte, hace calor al volver pero por la mañana se puede ir con la ventanilla del coche abierta que el fresquito es natural, la “servesita” son dos en lugar de una (por aquello de estar bien hidratado), puedes ir con sandalias al curro… ¡todo, todo son ventajas! (A ver si cuela, el año que viene pica alguno y se queda haciendo la guardia en Agosto).

Porque en Agosto quedamos sólo los mejores, los más comprometidos con el trabajo, los más capacitados para asumir retos y solucionar problemas imprevistos, los que le tenemos cariño de verdad a la empresa (¡Jefe a ver si te dejas caer con algo extra!), los que atendemos mejor a los clientes y con ello damos lustre a la empresa… en dos palabras: “los masca” (abreviatura de los más capullos).

Bueno también hay una ventaja: que, como cogemos las vacaciones más tarde, cuando llegamos a la playa en Septiembre hay mucha menos gente en el chiringuito y nos ponen dos sardinas por el mismo precio que una, no hay masificación y en el hostal (somos currantes y no podemos permitirnos un hotel de 4 estrellas, aunque luego le digamos a los compas del curro que hemos estado en el Deslumbre Park Hotel, 6 estrellas de las gordas, porque cogimos una oferta y nos salió la noche por 25 euros, desayuno incluido (no se lo cree nadie pero como no merece la pena discutir y dejarnos en evidencia…). En el hotel, al haber menos jaleo hay más intimidad, y se nota, “¡bueno tu ya me entiendes!”. Y poder pasear por el paseo marítimo sin los niñatos de las bicicletas (no decimos que como hace un poco de rasca, lo de bañarse a partir de las 5 de la tarde, ¡como que no!), el del pescaíto frito nos pone raciones más gordas y a precios de temporada baja, los helados, como caducan a los 30 días, nos ponen cuatro bolas, cinco si le caes bien a la dependienta… ¡Todo son ventajas!.

Y algo un tanto sádico: cuando tu coges las vacaciones en Septiembre le pones los dientes largos a los que llegan de haberlas disfrutado en Agosto: “¡Ahí os quedáis, y a ver si cuando yo vuelva no me encuentro papeles encima de la mesa, que yo te he dejado todo resuelto, ¿eh?”. Los que se incorporan nos envían miradas asesinas, somos conscientes de que se están acordando de nuestros antepasados, pero todo sea por el instinto asesino y poder morderle en la yugular a los que han estado de vacaciones en Agosto. Despedirse de los que vuelven siempre lleva un gran monto de erotismo, se disfruta tanto casi como con los morreos de los 15 años.

La realidad es distinta: pero siempre nos queda el consuelo de decir, engañándonos a nosotros mismos que hemos elegido las vacaciones en Septiembre, cuando en realidad es que nos ha tocado por sorteo. Quien no se conforma es porque no quiere. Y si el año que viene nos toca en Agosto, les diremos con sorna, y una pizca de crueldad a los de Septiembre que “nada, que al que le toca le toca”

Lo malo es los que no tienen vacaciones porque tampoco tienen trabajo. O los que tienen contrato de 4 horas, que tampoco tienen derecho a vacaciones.