Triste país

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Foto Europa Press

Un sentimiento de tristeza, mezclado con decepción, hastío y vergüenza inunda a muchos ciudadanos españoles.

Que todavía en este país casi 8 millones de ciudadanos que, con todo su derecho democrático que además hay que respetar, hayan vuelto a votar una opción política plagada de personajes encausados por la Justicia, y varios condenados en firme, por corrupción es algo muy descorazonador. Algunos califican a estos votantes como cómplices.

El término cómplice es definido en su primera acepción como “1. adj. Que manifiesta o siente solidaridad o camaradería” por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Cada cual que saque sus conclusiones.

No cabe en cabeza que medianamente razone que se vote no sólo a los que han arrasado con derechos laborales, sociales y democráticos sino que además han mostrado poco interés en limpiar su casa de basura. Es más, hasta se han permitido amparar a algún que otro implicado en escándalos. Al menos hay dos casos muy sonados de amparo situándolos en puestos donde están aforados y, por lo tanto, a los que tiene muy difícil acceder la justicia.

No insistiremos más sobre el tema, tan sólo finalizar con una reflexión: cuando comience la próxima entrega de recortes serán muchos los que, al canto del gallo, se convertirán en negadores.

Tampoco valdrán las excusas de los abstencionistas vocacionales. Algunos proclaman a los cuatro vientos que ha ganado la abstención, cuando la realidad es que ha perdido la ciudadanía que verá reducidas sus expectativas y sus esperanzas a las que tienen legítimo derecho. La abstención genera desidia, tristeza y falta de moral para exigir nada. El que no participa no debe exigir, es una de las reglas de la democracia. A pesar de todo, desde aquí respetamos el derecho a abstenerse de los ciudadanos, aunque no lo compartamos.

Y dejamos para el final la postura demagógica y tragicómica de los que salen a ser los segundos. Produce sonrojo la poca talla política de los que presumen haber conseguido no haber sido superados por otros. Y no dicen, aún sabiendo que mienten porque los datos son muy cabezones, que han perdido más de 100.000 votos y 5 diputados obteniendo el peor resultado de toda la historia de la democracia española.

Por si les vale a estos subcampeones el dicho de los deportistas con espíritu competitivo: el segundo clasificado es el primer derrotado. Ya si se abstienen, como ha comenzado a correr por los “pasillos”, para que gobierne el cabeza de lista del partido más votado, redondean la “faena”.

Hoy, lamentablemente, está muy vigente el pasaje de El lazarillo de Tormes: “Lázaro, engañado me has: juraré yo a Dios que has tu comido las uvas tres a tres.” “No comí -dije yo- mas ¿por qué sospecháis eso?” Respondió el sagacísimo ciego: “¿Sabes en que veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas.”

Pues eso, en este país hay casi 8 millones de pícaros, que no comen de tres en tres ni mucho menos, que callan mientras comen de dos en dos una legión de corruptos.