Trump contra el establishment: aquella panda de irresponsables

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Cartel de Hillary Clinton en la noche electoral de noviembre de 2016.

Aún resuenan en mi cabeza aquellas afirmaciones de los basurólogos de televisión y palmeo: “¡son la misma cosa!”, “¡Qué más da quien gane!”, “¡Muerte al establishment!” Clinton perdió traumáticamente aquellos comicios. Más de un año después de la elección, nos acordamos de aquella banda de irresponsables o de ignorantes que observaban con su magnánima equidistancia lo que estaba por suceder. No se sabe qué es peor, los irresponsables sabían de la maldad que supondría que semejante espécimen ocupara el despacho más importante del mundo. Los ignorantes no se habían dado cuenta, mientras calzaban unas Nike, buscaban por Google o veían Netflix, de que desde Estados Unidos se controla todo el planeta. Lo último es el reconocimiento de Jerusalén como capital. Traducido resulta que la situación palestina va a empeorar.

Trump es mejor, Clinton es establishment

Previamente: París y UNESCO

En lo que llevamos de año, Trump ha desoído el acuerdo de París. “La destrucción de Estados Unidos será buena para el planeta”, decía aquella panda. La primera en la frente, como el que dice. El cambio climático es un problema global que la administración con más trabajo que hacer desoye. Trump dijo que no era justo para los trabajadores de Estados Unidos. “Es hora de poner a Youngstown, Detroit y Pittsburgh por delante de París”. Resulta que el que proponía ser aislacionista, finalmente, lo fue.

Más tarde vino la salida de la UNESCO por la inclusión de Palestina, titulaba eldiario.es. Si bien llevaban sin aportar económicamente desde 2011, algo sin duda criticable, Trump dio el empujoncito. Por si fuera poco, Israel seguía el camino denunciando el “sesgo antiisraelí”. Todo ello mientras la ironía tiene a Palestina como Estado observador en las Naciones Unidas.

Tenebroso diciembre

Seguidamente, el pasado 4 de diciembre se publicaba que Estados Unidos abandonaría el Paccto de la ONU por inmigración, la llamada Declaración de Nueva York para los Refugiados y Migrantes. Para que vean lo grave que es esto, dejamos algunos de los compromisos de susodicha Declaración:

“Seguiremos protegiendo los derechos humanos y las libertades fundamentales
de todas las personas en tránsito y después de su llegada.”

“Combatiremos enérgicamente la trata de personas y el tráfico ilícito
de migrantes con miras a su eliminación, incluso medidas selectivas encaminadas a
identificar a las víctimas de la trata o las personas que corran el riesgo de serlo,
garantizando el pleno respeto de las obligaciones que nos impone el derecho
internacional.”

“Adoptaremos medidas para proporcionar, sobre la base de la cooperación
bilateral, regional e internacional, financiación para la asistencia humanitaria que
sea suficiente, flexible, previsible y sistemática, para que los países y las
comunidades de acogida puedan responder a las necesidades humanitarias
inmediatas y a sus necesidades de desarrollo a más largo plazo.”

Volviendo al tema con el que abríamos, dos días después de dejar la Declaración de Nueva York, la Administración Trump reconocía a Jerusalén como capital israelí, agravando la eterna crisis de Oriente Medio. Un chimpancé de pelo naranja está jugando con un mechero en una habitación llena de pólvora. La única esperanza que tenemos es que, dado que estamos hablando de Trump, quizás no sepa encender el artefacto.

La vergonzosa lista completa:

¡Y si eso fuera todo! Uno de los principios básicos de una superpotencia es mantener una política exterior sin importar el Gobierno nacional. No sólo por la propia superpotencia, sino por sus aliados y, sobre todo, por el trato con la oposición internacional. Hacer la siempre popular crítica al capitalismo (“¡La UE es cómplice!”) estaría bien si el Pacto por la Inmigración no fuera una extensión de los Derechos Humanos. O si el Pacto de París no comprometiese, precisamente, al capital. Hoy podemos comprobar que las ensoñaciones anti-establishment eran propias de un cuñadismo raquítico y autocomplaciente. Trump está comprometiendo a la Sociedad Internacional, cuando ganó las elecciones, no había nada de qué alegrarse. Un año después queda demostrado. Aquí la lista de cosas de las que el Presidente de Estados Unidos ha sacado a su país (ABC):

  1. acuerdo contra el cambio climático,
  2. el tratado comercial Transpacífico,
  3. acercamiento en las relaciones con Cuba,
  4. renegociación con México y Canadá del Tratado de Libre Comercio de América del Norte,
  5. la UNESCO,
  6. Pacto de Nueva York.

Mientras tanto, hay unos 65 millones de personas refugiadas por conflictos políticos, conflictos armados o crisis humanitarias. Dado el cambio climático, dentro de poco, ésta será también una causa de refugio. La situación en Oriente Próximo sigue siendo candente. El etcétera es largo. La próxima vez que se alegren de la derrota del establishment, piensen en quién sale victorioso.