El último Rey llega a las pantallas españolas

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Andalucía al Día, el ultimo rey

Noruega, año 1204. Dos facciones luchan por poner a su candidato en el trono de Nidaros. De un lado, Los Baglers, apoyados por Dinamarca y compuestos por clérigos de una primitiva Iglesia Católica, aristócratas y mercaderes. De otro, los Birkebeinerne, agrupación político-armada compuesta por campesinos que defienden al legítimo rey.

El Rey Sigur ha muerto, y su hijo le ha sucedido. Este, temiendo que lo asesinen, ha enviado a dos Birkebeinerne, nuestros protagonistas, en busca de su hijo bastardo, Hakon; que será heredero al trono.

Su madrasta es enviada a Suecia en busca del apoyo de estos para la causa. Sin embargo, antes de iniciar el viaje, que nunca llega a hacer, envenena a su hijastro para dar acceso al trono a su amante, apoyado por los Baglers.

Así arranca esta historia. Un viaje en primitivos Telemark inundado de paisajes nevados, acción y aventuras cuyo rigor histórico es más o menos acertado. A un espectador español, le costará entender en ciertos momentos la trama histórica en la que se inspira la cinta sin consultar la Wikipedia. Sin embargo, el ritmo visual de la misma puede hacer que, pasando este hecho por alto, enganche al público.

El director de la cinta, Nils Gaup, consigue plasmar la Noruega del siglo XIII con una recreación al servicio del guión que bien podría haber sido tal como nos la presentan. Obviamente, es una adaptación, pero provoca la curiosidad en el espectador por indagar en el período histórico que abarca. Y, obviamente, a seguir pegado a la pantalla hasta el último fotograma.

No es solo una aventura de dos hombres, un bebé y kilómetros de nieve. Los Telemark, son el macguffin. Están presentes de principio a fin, siendo pieza clave en la trama. A saber: Una técnica de esquí que se remonta 4.000 años atrás. Los nórdicos se desplazaban de esta manera de un lugar a otro, además de utilizarla habitualmente para cazar y luchar en las interminables temporadas de nieve. No queremos adelantar nada pero son claves en el desenlace.

No faltan batallas y persecuciones en las montañas nevadas, que dan vida a un relato que no tiene compases de espera. Todo ello ambientado en paisajes blancos interminables, que entremezcla auroras boreales y ventiscas al servicio de la historia.

El final, es fácilmente descifrable. Aunque ese no es el verdadero valor de esta película. El viaje es lo que cuenta, y cómo se cuenta. Una cinta de sello europeo que no necesita los artificios de Hollywood para brillar con luz propia.