Un burkini por amor

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Un fantasma recorre Europa, el fantasma de la islamofobia, materializado en la imagen de dos policías, franceses y armados, obligando a una bañista a quitarse su burkini para seguir en la playa. El burkini, para que nos entendamos, es un traje de baño que algunas mujeres musulmanas usan y que es prácticamente igual que un traje de neopreno, aunque no vemos a la gendarmería buscando en las profundidades a submarinistas vestidos de pies a cabeza y obligándoles a llevar un Speedo que les cubriera solo las vergüenzas. Una mezcla vergonzante de machismo e islamofobia propia de un país demasiado cómodo en el eurocentrismo que dominó la Historia (la nuestra, que es la que se escribe con mayúscula) hasta los movimientos descolonizadores que desencadenó el mapa que hoy conocemos, con 206 estados soberanos, de los cuales 193 son miembros de la ONU.

Este acto que ha encendido las redes sociales, aunque habría que ver cuál ha sido la respuesta real en la calle, y especialmente a los movimientos feministas, queda amparado por el laicismo negativo francés. ¿Pero qué es esto del laicismo negativo? En el mundo podemos decir que existen dos tipos de laicismos, el positivo y el negativo. El positivo, similar al modelo aconfesional español, aunque más ecuánime, permite las manifestaciones religiosas, mientras que el negativo es capaz de limitarlas hasta puntos que en España resultarían inconstitucionales por atentar contra el derecho fundamental a la libertad religiosa. Todo esto mientras el Artículo 1 de la actual Constitución francesa dice expresamente: “Francia (…) respeta todas las creencias.” Bueno, está claro que no todas. Recordemos que no hace tanto la República francesa protagonizó otro escándalo similar cuando prohibió a las mujeres musulmanas llevar el velo en clase.

En España tuvimos un caso similar por no decir idéntico. En 2014 el equipo de Gobierno del municipio catalán de Reus prohibió el uso del velo integral en espacios públicos, escondiendo su islamofobia en el clásico debate entre seguridad y libertad. Los tribunales acabaron fallando contra la medida, aunque no por ser vulneradora del Derecho Fundamental a la Libertad de Culto, sino porque los elementos esenciales de ese Derecho quedaban fuera de la competencia municipal, aunque no cabe duda de que también fue un ataque injustificado a la libertad de profesar una fe.

Aunque el Primer Ministro Valls lo niegue, Francia está padeciendo una deriva xenófoba y racista terrible, y eso es precisamente lo que Daesh quiere. Se hace cada vez más común escuchar gritos de Allez Chez Vous, iros a casa, tal y como relataba en este mismo diario que había ocurrido en la sede de Estrasburgo del Parlamento Europeo, y como ocurrió hace pocos días cuando la policía local de Niza entró en la playa para que unas mujeres se desprendieran de su traje de baño por “mostrar abiertamente adhesión a una religión al tiempo que Francia es un objetivo terrorista”.

Lo siento, pero no me trago que esto lo hagan por nuestra seguridad. Es absolutamente injustificable prohibir los burkinis, o incluso los burkas. ¿Me están diciendo que los terroristas van vestidos de terroristas? ¿Que no pueden atentar en bermudas o con una gabardina? ¿Que lo que les hace peligrosos es que son distintos a nosotros? Si eso fuera así, debería volver a cobrar vigencia en España, y por qué no, en Francia, el “bando de capas y sombreros” de 1766 por el que se prohibía el uso de sombrero de ala ancha, usado para ocultar el rostro, y las capas, para esconder armas.
¿Tanto es pedir que tu país no te tome por tonto?