Una esperanza para los hijos de puta

Hasta los hijos de puta pueden tener la esperanza de ser amados o amadas. Esto lo demuestra. En el fondo, esta historia tiene un lado hermoso.

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Qué tío más... eso... Europa Press

No diré su nombre, porque es suyo y la identificarían. No hablaré de su procedencia, porque podrían buscarla. Tampoco diré nada de su aspecto más allá de lo desagradable que resulta escuchar cómo va desgranando con su voz las ganas de vivir que alguien como yo puede tener, y son muchas. En este sentido, parece un escarabajo deshilachando una cuerda. Poco a poco, en raciones diminutas de antojos y declaraciones a merced de la basura te va mordiendo en la piel de la paciencia. Es inaguantable.

No conozco a nadie que pueda decir que es buena persona. Nadie ha hablado nunca bien de ella. Ya ven que yo no quiero ni nombrarla porque en el fondo me da pena. Ah, lo ha conseguido. ¿Tendría piedad ella de mi? ¿Acaso dispondría una diminuta parte de su escondida bondad en no criticarme? Lo dudo tanto…

No se le conoce un amigo, ni una amiga. Se sabe que lo ha intentado y que en todas partes fue rechazada por criticona, por la moribundez de su conversación y sus ideas de hojalata, que tienen el mismo color que la plata y sin embargo corren el riesgo de abollarse en cuanto salen de su boca.

Es molesta. Es terriblemente molesta a los oídos porque sólo dice barrabasadas. Nunca habla con, sino en contra. No tiene ventanas, sino almenas. No la soporto. Es una hija de puta en el sentido popular de la palabra. 

Y contra todo pronóstico, alguien la quiere. Me suena como un campanario en un valle de montañas que le hacen eco. ¡Alguien la quiere! quiere-quiere-quiere… Toda esta situación en la que me sorprendo tiene unos tintes religiosos, está claro que Dios (si existe) tiene un roto para cada descosido: Un hijo de puta para cada hija de puta y viceversa. También en versión LGBTI, pues el ser un hijo de puta es algo transversal a la orientación sexual.

Alguien la quiere. No sabemos cómo, si bien o mal, pero alguien la quiere. Alguien es capaz de quererla, que no es ya el hecho, sino la voluntad que le habrá puesto el protagonista de la historia a ese amor tan… En fin. Hasta los hijos de puta pueden tener la esperanza de ser amados o amadas por otro hijo de puta de similares características. Esto lo demuestra. En el fondo, esta historia tiene un lado hermoso.