“Una habitación propia” (Virginia Woolf) accesible y didáctica

La obra pone con éxito una escalera desde el suelo hasta la cima del pensamiento de Woolf para que al público se le haga más fácil la comprensión de un texto tan denso como brillante

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Clara Sanchis, como Virginia Woolf en "una habitación propia". Oficial

El universo que plantea Virginia Woolf en Una habitación propia (1929) tiene un gran problema, como todo lo que acostumbra a crear teoría política es denso, muy denso, pero esta versión teatral compone dos vulgarizaciones: La primera es la que la autora hace sobre su propio pensamiento tratando de hacerlo más sencillo, la segunda es que estamos ante una (excelente) obra de teatro.

Creo conveniente y honrado hablar de la obra como de un hecho político, en primer lugar porque creo que el contenido expone una teoría política como el feminismo de forma abierta; en segundo porque creo que honra al pensamiento político el hecho de que de vez en cuando se teatralice. Es como si a un libraco tosco le pusieran dibujos o como cuando en las películas el personaje irascible y gruñón conoce a ese otro personaje alegre que le contagia ganas de hacer las cosas bien de una forma u otra.

La autora plantea personajes ficticios, espacios inventados y escenas ágriamente cómicas que buscan la ridiculización de la realidad en la que vive una mujer adelantada a su tiempo hace cien años… Bueno, hace cien años y ahora. A su vez, se puede hablar de una concepción materialista de la libertad, pues la autora considera que una mujer para escribir debe tener una habitación propia y tres guineas, es decir: su propio espacio alejado de las inquietudes que, teñidas de antropología, han relegado a la mujer a un segundo plano.

Dicho de otro modo: Empoderamiento.

Por ahí habríamos hablado del tema de la obra, en el cual confío todo lo severamente que puedo, pues ya dijo Cervantes que cada cual es como Dios le hizo, y peor algunas veces; y aún en Asturias se escucha aquello de ca un ye ca un y ca dos ye una piragua, lo que vendría a decir que de alguna forma trato de absolverme pensando que soy consciente y que son (mínimo) dos mil ochocientos años de literatura sexista de la que pocas se han escapado.

En el plano artístico, me gusta la crítica en negativo: Woolf es tan, tan buena escritora que no necesita hablar de libertad negativa o positiva como lo haría, posteriormente, Isaiah Berlin en una profundísima conferencia a la que llamó “Dos conceptos de libertad”; al contrario, ella describe situaciones a las que no puede acceder, planteando el hecho de que no puede estar en el césped de la universidad masculina sin que un bedel la eche, mientras que en la universidad femenina todo aquel que guste puede entrar. Más tarde, compara dos cenas (una opiosa y otra pobretona) y habla de la hermana ficticia de William Shakespeare, haciendo ver que jamás se dejó escribir a las mujeres y por eso es difícil hablar de literatura en femenino.

Dicho lo anterior, merece la pena subir las escaleras que pone la obra desde el suelo hasta el pensamiento de Virginia Woolf, no sólo para entender susodicho pensamiento, sino para disfrutar de las vistas: La obra está muy bien teatralizada y Clara Sanchis borda el monólogo.

Ustedes imagínense la dificultad de hacer un monólogo; añádanle tener gracia; añádanle la profundidad de pensamiento; añádanle saber que es muy probable que muchas personas en el público hayan intentado leer el libro y no hayan podido por su densidad… La presión era grande y, aún así, le dio tiempo a una señora de la primera fila a desmayarse, aún estarán buscando en el Teatro Pavón el sitio dónde Clara Sanchis pudo guardar la inspiración para seguir actuando luego como si nada hubiera pasado.

La anécdota que recién les he relatado puede ser verdad o no; de ustedes depende creerla: le pasa como a la obra (ya sea la de Woolf o la de teatro), que aún siendo ficticia habla de cosas que suceden todos los días aunque no las veamos, por lo que su ficción, si me lo permiten, se hace relativa.

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA

Versión para la escena y dirección María Ruiz
Intérprete Clara Sanchis
Vestuario Helena Sanchis
Diseño gráfico y fotografía Diego Ruiz
Música Clara Sanchis a partir de J.S. Bach
Estudiante en prácticas Javier Pellicer
Agradecimientos Humberto Cornejo, Juan Gómez Cornejo, Joana Bonet, Elvira Lindo, Laura Freixas, El Pavón Teatro Kamikaze, Seix Barral, Isabel de O’Campo, Entrecajas. Santi Antón, Unión Musical
Una producción de Los Pájaros con la colaboración de Nuevo Teatro Fronterizo