Una noche en el Wanda Metropolitano

Son de esa pobre gente que no es del Betis pero, como a la gente del Sporting o del Cádiz, da gusto ir a disfrutar del fútbol a su casa.

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Le dije a mi amiga Cristina, atlética intensa, de ver el Atlético-Betis juntos. Ella, como digo, es más intensa que nadie y, antes de darme cuenta, ya había sacado las entradas para visitar el Gol Sur de un campo que resulta amigo. Yo pretendía verlo en un bar. Nos esperaba una noche en el Wanda Metropolitano.

Una noche en el Wanda Metropolitano

La resaca de la final de la Copa del Rey, celebrada en el mismo escenario el día anterior, llegaba sin notarse. Sobre decir que el sevillismo no encuentra consuelo. No sólo no son del Betis, además, ya no les queda ni el consuelo de ganar. En cualquier caso, el estadio estaba en un perfecto estado, lo que habla bien de la plantilla del Atlético. La otra plantilla, quiero decir, la que limpia, ajardina y cuida que todo aquello esté bien. El Atlético ya pensaba en la semifinal de la Uefa Europa Leage y se notaba. El Betis llegaba de haber ganado seis partidos seguidos, lo nunca visto. El beticismo sabe, o intuye, que cuando más gana más cerca está algún tipo de debacle. Y nos gusta el Betis por eso, claro, ¿Qué clase de equipos son esos que ganan siempre?

El ambiente es excepcional. El Metropolitano es un estado para la afición. “No nos gusta el fútbol, pero el Atleti sí”, se canta. El cántico es maravilloso. La del Metropolitano es una afición que entiende más de fútbol en familia y entre amigos, como una caseta de feria, que de fueras de juego. Más o menos como el beticismo, por una parte tan sandunguero y, por otra, tan sufridor. Nos llevamos de escándalo, claro. Nada más empezar el partido se declara lo que se piensa del Sevilla con un insulto. Los enemigos comunes siempre han sido contundentes, siempre son más recurrentes y, desde luego, unen más.

Son de esa pobre gente que no es del Betis, pero…

Comienza el partido, la gente canta, salta. La gente se divierte. ¿Se acuerdan cuando el fútbol era para divertirse y no para escupir lo mal que a uno le va en la vida? ¡Qué tiempos! Claro que se sueltan improperios, pero eso va en el precio, en el permiso que todas las aficiones se dan para ser vulgares durante 90 minutos. Pasa el partido, se sigue cantando, Simeone aplaude a la grada, es un grande, se le quiere y lo sabe. ¡Ah, la gente del Metropolitano! ¡La buena gente del fútbol! La afición del Atleti santifica las fiestas, que es lo que hay que hacer con este juego tan maravilloso en el que 22 personas en ropa interior corren detrás de una pelota. Son de esa pobre gente que no es del Betis pero, como a la gente del Sporting o del Cádiz, da gusto ir a disfrutar del fútbol a su casa.