Vega Oliva internacionaliza su aceituna de mesa ecológica

Respeto a nuestro entorno recuperando la agricultura del olivar tradicional

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Quién le iba a decir a Juan Hurtado hace unos años que su apuesta por la defensa del olivar y de la aceituna manzanilla sevillana, iba a transformar su vida y a convertirse en un proyecto de largo alcance con grandes perspectivas de futuro.

Vega Oliva nace de un proyecto familiar de ámbito rural, que desarrolla dos líneas de negocio. Por una parte la aceituna para consumo en mesa, y por otra la producción de aceite de oliva virgen extra, todo con prácticas ecológicas. “Llevamos tres años molturando y haciendo nuestro aceite dirigido a la venta al público en general.  Antes lo hacíamos a nivel de amigos, familiar y un poco más a pequeña escala, aunque nuestra finca no es muy extensa, así que no tenemos grandes producciones”, nos cuenta Juan.

El grueso de la aceituna de mesa envasada “sale toda a EE.UU” y el resto de la cosecha se transforma en un aceite de “primerísima calidad”, a través de un proceso largo donde se cuida al máximo cada paso, desde el nacimiento de la aceituna o plantación de olivos, hasta su recogida y posterior molienda. “Este es un producto que tiene una tirada limitada, que cuando se acaba, se acabó. Es un producto natural que no se fabrica como si fueran elementos fabriles, es decir, nos limitamos a lo que dé el árbol, un año la cosecha puede ser de cuarenta 40.000 kilos, y al siguiente pueden ser 30.000”.

La apuesta por el medioambiente de Vega Oliva está certificada por el Comité Andaluz de Agricultura Ecológica (C.A.A.E), que garantiza y avala la calidad de sus productos con controles periódicos. “Hace unos días estuvieron aquí. Analizan las aceitunas, las hojas, se llevan muestras de aceite, etc. Suelen estar en todos los procesos, supervisando y controlando las técnicas utilizadas”.

Juan Hurtado reitera su compromiso con el respeto al entorno, al medioambiente, y sobre todo hace hincapié en recuperar la agricultura del olivar tradicional. “Es una vuelta a los orígenes. En los foros donde voy a dar ponencias y conferencias, o en las ferias y congresos que participamos, insisto en la recuperación de los métodos y sistemas utilizados antaño. Una cosa que no entiende nadie es que nosotros realicemos el proceso de recogida manualmente, como se ha hecho toda la vida en Andalucía. Directamente del árbol al macaco. Con este proceso completamente manual se consigue que la aceituna no vaya molestada”. De esta manera, la aceituna se mantiene “lo más perfecta posible” para cuando se lleva al molino, y a la hora de molturarla no tendrá porrazos, ni rayas, ni en definitiva, estará dañada.

Otro dato curioso, y práctica distintiva en Vega Oliva, es que la aceituna se traslada en cajas. “Hoy se han puesto de moda en el campo los capachos negros, que cuando los vas acumulando uno encima de otro, todo eso va presionando a la aceituna, y al final cuando llevas desde las 7 u 8 de la mañana hasta las 3 de la tarde, esa aceituna está fermentada. Yo utilizo las cajas antiguas fruteras que están ventiladas y son apilables”.

El objetivo es que el fruto llegue a la molturación lo más sano posible, y completamente limpio, ya que además ha sido previamente seleccionado en unas mesas, donde se han eliminado aquellos que estaban estropeados.

En este trabajo laborioso por conseguir un producto sin aditivos ni químicos, con la utilización de métodos naturales, se puede pensar que el coste del producto es mayor, pero ¿es realmente lo ecológico más caro? “Nosotros evidentemente no utilizamos sustancias químicas, ni organismos genéticamente modificados, y tenemos una entidad que nos certifica y respalda con los análisis que se hacen. Es obvio que nuestra opción de cultivo conlleva mucha mano de obra, no estamos industrializados con maquinaria, ese no es mi modelo de agricultura, sino el tradicional. Así que bueno, tiene algún coste más, pero no tan elevado como dicen muchas personas”.

A pesar de todo, los hábitos de compra están cambiando y hay una tendencia, por parte de los consumidores, en adquirir productos ecológicos. Aunque el porcentaje está subiendo, España está “a la cola del consumo” de este tipo de productos. “Los mayores consumidores son los alemanes, franceses e italianos. España es uno de los mayores productores de productos ecológicos, y concretamente  Andalucía, que tiene ahora mismo más de un millón de hectáreas dedicada exclusivamente a la agricultura ecológica, pero no somos los mayores consumidores, sino que conformamos una parte mínima del consumo. Los países nórdicos también están consumiendo mucho, y en la última reunión que tuvimos de una mesa del olivar, se observó que EE.UU ha subido cerca de un 14% este año en el consumo de productos ecológicos”.

Uno de los aspectos trascendentales y más valiosos para Hurtado es el trabajo que se realiza desde Vega Oliva para que el público sepa diferenciar lo que es un aceite de oliva, con un aceite de oliva virgen extra, o con un aceite lampante. “En muchos casos hay aceites que rozan el aceite lampante, y eso no se puede permitir. El aceite lampante es un aceite de consumo humano, pero con unas cualidades ya mínimas. La denominación de lampante viene de la época de los romanos, era un aceite que se utilizaba para las lámparas de aceite, por eso se llama así, aceite lampante”. En ese sentido se organizan catas que ayudan a diferenciar entre un tipo y otro de aceites, y las distintas variedades: hojiblanca, picual y manzanilla. “Es curioso que en estos cursos hay muchos catadores de vino que también se están interesando por el aceite. Al final hemos conseguido en España una cultura del vino, y yo creo que de aquí a pocos años tendremos una cultura del aceite”.

En estas catas donde se aprende a valorar y distinguir los aceites, se aprende algo fundamental, cómo conservar este oro líquido tan preciado y utilizado en nuestra dieta mediterránea. “El aceite es un producto vivo, tú pones el aceite -que pasa muchas veces- debajo del fregadero donde están todos los detergentes, mire usted, eso es pecado mortal porque coge el sabor de los detergentes. El aceite coge todos los olores. Es muy importante, primero, guardarlo a una temperatura que no sea extrema, sobre todo por el calor que le afecta, el frío no hay problema; segundo, que no haya luz; y tercero, que no esté con productos que puedan ser agresivos, de manera que pueda coger olor. Aunque esté cerrado, hermético y precintado, al final coge el olor”.

En este proyecto, “ilusionante y lleno de dedicación” como lo define Juan Hurtado, se trabaja en la recuperación del territorio como un apoyo al “empleo verde”, impulsando el entorno rural y favoreciendo la biodiversidad. Por ello, Vega Oliva colabora junto al Ayuntamiento de Alcalá y el Ministerio de Industria, en el estudio de nuevas posibilidades y alternativas de la industria agroalimentaria. Además, también participa en otro proyecto de investigación, promovido por la Comunidad Europea y la Junta de Andalucía, donde se está estudiando el ahorro energético en la recogida de la aceituna en verde.