Velázquez, Las Meninas y el robar

114
Viñetas de "Las meninas", de Javier Olivares y Santiago García.

Dos americanos y un tipo (yo) avanzan por la Calle Mayor de Madrid hacia abajo. Dicho de otra forma, retroceden en el tiempo. Desde la Puerta del Sol hacia abajo los relojes van hacia atrás. Imagínense, Calle Mayor abajo, las revoluciones modernas terminan en los jardines del Emir Mohamed I, que fundó Madrid en el Siglo IX. ¿Madrid fue fundada por los árabes? Sí, y fue, sencillamente, para proteger Toledo, que era la ciudad importante. Esto último, por ejemplo, es difícil de explicar… Pero no tanto como lo de Velázquez.

Velázquez y el primer selfie en un espejo de la historia

Llega uno al final de la Calle Amnistía, “aquí estaba enterrado Velázquez, pero los restos se jodieron en una guerra”. “¿En qué guerra?”, “En la que tuvimos contra los franceses, principios del S. XIX”. Ponen cara de circunstancias, apenas conocen a Velázquez, pero uno es muy fan y se le nota (es un sevillano universal, algo más que un orgullo). “Debió de ser un tío importante”, supongo que piensan o, mejor dicho, espero que piensen. El tipo inventó el selfie en el espejo y le puso de nombre “Las meninas”. No tuvo ni que subirlo a instagram. Si no merece ser nombrado cada dos por tres, que baje Dios y lo vea.

Sí, Velázquez inventó los selfies en el espejo. Es así de duro, hay gente que se cree novedosa por hacer lo propio, pero llegan cuatro siglos tarde. Lo único que se puede hacer es utilizar la técnica (hoy fotográfica) para otros casos, todos ellos tristes. Repaso: Cuando quieres comprobar si te estás quedando calvo y no quieres decírselo a nadie porque por ahora disimulas bien; o cuando vienes del gimnasio y te echas una foto, por ver si así has mejorado… Es un largo etcétera de vanidades desastrosas que bajo ningún concepto pueden salir bien.

En cambio, Velázquez, entre pitos y flautas (y la corte y tal y cual), hizo aquello. Lo he descubierto leyendo una novela gráfica magistral de Javier Olivares y Santiago García, “Las meninas”, editorial Astiberri. Esta novela trata cómo es el proceso creativo de Velázquez, cómo se desarrolla y la influencia que ha tenido. A su vez, añade el imprescindible destello biográfico que hace que se entienda mejor. Recomendada queda.

En el arte, robar sale mejor de precio

De un tiempo a esta parte todo el mundo parece querer inventar una nueva técnica artística, al caso, es como querer descubrir América, craso error, bajo mi punto de vista. Robar sale mucho mejor de precio. Parece una tautología, pero es verdad, me explico: en el noble arte de hacer arte, lo normal es que esté todo inventado y que lo nuevo que se invente no sea para nada bueno. Y uno se puede liar la manta a la cabeza y hacer la primera poesía española en checo, pues muy bien, pero, por regla general, eso no sale bien.

Otros factores que hacen que querer inventar algo nuevo salga caro: número uno, (al menos para mí) no eres más artista que cualquier otro. Número dos, lo normal es no llegar a hacerlo. Número tres, si lo haces, lo normal es que te salga mal. Es decir, que no sale bien de precio. Porque los hay que han inventado pero, ¿era más genial el primer griego que hizo teatro que Shakespeare? Pues eso. Esta tarde, que he vuelto a lo que fue la tumba de Velázquez, he reflexionado al respecto. Creo que lo mejor que puede hacer un artista es coger una técnica que ha inventado otro para, posiblemente, hacer una chufa, y, con esa técnica que otro inventó, hacer una obra del coponazo. Es decir, robar.

Evidentemente, a los que inventaron algo y les salió una chufa les damos las gracias, cómo no. Veinte o treinta años desarrollando una técnica artística, te queda una obra pésima y luego llega otro y, con lo mismo, se sale. Pues muchas gracias, ha sido un placer y sin usted no lo hubiéramos hecho. Y se acabó, no hay más, que Diego de Silva y Velázquez hay uno, ¿saben ustedes? Mejor dicho, Diego de Silva y Velázquez hubo uno, o sea, que es incluso peor. No hay nada que hacer. Con Borges, Homero, Quevedo, Cervantes, Shakespeare, Ovidio… Pasa exactamente lo mismo. De hecho, dice Nicolás Duato (un colega valenciano) que El Quijote lo inspiró un libro llamando Titant lo Blanch, el cual, lamentablemente, desconozco por completo.