Verano calentito

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Pues por lo que parece, el verano se presenta de lo más calentito. Y no sólo en lo meteorológico, sino también en las altas esferas de la política. Y si la “casta” no lo remedia, nos vemos abocados a nuevas elecciones cuando las calimas remitan y las hojas empiecen a formar alfombras en los parques de nuestras ciudades y pueblos.

Es la pregunta que se hacen muchos ciudadanos: ¿tendremos Gobierno por fin o habrá nuevas elecciones? La disputa de gallos de corral a la que asistimos, con el regocijo y el regodeo correspondiente de la derecha, no da pábulo a muchas esperanzas.

¿Aprenderá alguna vez la izquierda? El ejemplo de la derecha no es que sea válido para los que tenemos ideas progresistas, más bien reafirma lo que ya se sabe y que el Viejo Profesor dijo gráficamente: “la diferencia entre la derecha y la izquierda está en que la derecha se mueve por intereses económicos y la izquierda por ideales”. O al menos era así, hoy hay que poner en solfa la afirmación. Pero no divaguemos: la derecha se pone rápidamente de acuerdo para ocupar los sillones del poder. A ello les mueve el ser juez y parte del manejo de los caudales públicos, y de su correspondiente y “adecuado” reparto.

Defienden la iniciativa privada, pero sustentada en los dineros públicos, o sea en nuestro dinero, el que pertenece a todos los ciudadanos. No insistiremos más en este tema ya manido y súper conocido: se potencian las empresas privadas para gestionar lo público y se denigra, se pone en el brete y se desprecia la gestión de los profesionales de la administración, mucho más capacitados que la “iniciativa” privada. Claro que para ello se cuenta con todo el aparato mediático de televisiones, radios, prensa y el sursum corda al servicio de la “causa”. ¡Cosas veredes!

¿Qué no hay acuerdo entre los supuestos aliados naturales de izquierda para formar gobierno? La derecha se frota las manos, pone cara de circunstancias, se colocan la mejor corbata para las declaraciones ante los medios “informativos” y dejan caer aquello de que “la responsabilidad no es nuestra”. Es la manida “ley del embudo”, conocida pero ignorada conscientemente por los que deberían recordarla: cuando es la derecha la que no es capaz de formar gobierno, prima el interés de España, cuando no, pues es la responsabilidad y la culpa es de los otros. El interés de España es tan sólo cuando la derecha no tiene mayoría para imponer, nunca mejor dicho, su voluntad, o lo que es lo mismo sus “intereses”. Claro que la derecha no entiende, por más que lo pregonen con la boca chica delante de los micrófonos, de sentido social de la política. Eso sí, repiten una y otra vez, machaconamente, que “la derecha se pone de acuerdo de inmediato, la izquierda…”

Hay que decirle algo muy alto y claro de todas formas a los que presumen de izquierda, de progresismo y de defender los intereses de los trabajadores, que somos la inmensa mayoría de esta sociedad: demuestren ustedes que son coherentes, dejen de un lado los personalismos. Está en juego que se pisoteen, una vez más, los derechos de los ciudadanos, que se siga enriqueciendo al sector privado que no es capaz de producir riqueza más que reduciendo salarios y acudiendo a la teta del sector público.

Tal vez lo que ocurra es que se ha perdido el sentido de SERVICIO que es, o debe ser, inherente al ejercicio de la política.

NOTA: Ya no hay OLA DE CALOR. Porque cuando los termómetros se acercan dos días, ¡dos días!, fuera de Andalucía, aunque no lleguen, a los 40°, hay OLA DE CALOR. ¿Qué en Andalucía durante 2 meses que no bajan de día de los 38 y que llegan en varias ocasiones a superar los 45º y por la noche no bajan de 25 grados?, es que somos muy vagos, no queremos trabajar y sólo nos dedicamos a ir al bar y a dormir la siesta. Entre tanto un tractorista, sin aire acondicionado en el tractor, a las 3 de la tarde, está arando la tierra.
Cuando vengan las calimas gordas a Andalucía, no será ola de calor, sino las temperaturas habituales. Eso sí, cuando nieva en otros territorios no se puede trabajar, porque en el resto de España sí son muy trabajadores. Bueno, pues que siga… con nuestro consentimiento