Verbena de la Paloma

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“Los tiempos cambian que es una barbaridad”, que repetía la protagonista en aquella pelicula española de los años 50. Y con los cambios, mejor diríamos con los supuestos aires de cambio, se hacen auténticos bodrios y se somete a tortura a todo bicho viviente.

Porque si bien es cierto que estamos en un mundo cambiante que progresa y tal, cuando el progreso no es creativo, cuando los cambios se limitan a simples “cortar y pegar” de mal gusto, los resultados son, como no puede ser de otra forma, auténticos exhabruptos, abortos mentales mal configurados, con mala apariencia y peor contenido.

Hace tan sólo unos días, se me encendieron las alarmas: se iba a estrenar en los madriles una versión “actualizada” de la Verbena de la Paloma, al menos eso dijeron en la caja tonta. Seguro que a nosotros, a los provincianos, como gustan llamarnos los catetos de la Capital, no nos resulta “tragable” el “comitrajo” resultante. Ahondando un poco en la “moderna” versión de la popular verbena, del autor de semejante barrabasada, ni me acuerdo ni me interesa, parece que la idea fundamental era acabar con el machismo de la obra y actualizar su contenido, ¡toma ya!. Ricardo de la Vega y Tomás Bretón estarían realemente “satisfechos y contentos” con el atrevimiento del “reformista”. Posiblemente las próximas actuaciones vayan por “actualizar y normalizar” Rigoletto, la opera de Verdi, para darle el tono “adecuado” al aria “La donna è mobile”, todo sea por superar barreras.

Aunque ya puestos, podríamos darle un toque moderno a la Novena, a la Sinfonía del Nuevo Mundo, o al Amor Brujo, entre otras. Tal vez con tantanes, cañas y ritmos afros quedan hasta bien.

Me viene la tentación de meterle mano a La Canción del Pirata o a Don Juan Tenorio, la “obrilla” de teatro de Zorrilla, un tanto machistas las dos composiciones. Seguro que alguna que otra ministra me propone para algún premio de menor entidad, eso sí, si hago las modificaciones con lenguaje inclusivo.

Tengo un buen amigo, artista total, o sea, de los que pintan, esculpen y crean Arte (con mayúsculas), al que le voy proponer que “actualice” la Maja desnuda, la Rendición de Breda y Las señoritas de Avignon, así matamos dos pájaros de un tiro (con permiso de los animalistas) y, además de modernizar esas obras, le damos una pátina de “normalidad”. Las Imaculadas de Murillo quedan a salvo porque se nos pueden poner en pie de guerra los “capillitas” sevillanos, y eso ya son palabras mayores.

El intento de algún que otro artista famoso y contrastado por “modernizar” algunas obras de arte, por ejemplo las Meninas, ha quedado en “ni chicha ni limoná”, sino todo lo contrario. Las “Meninas” con cristalitos y colorines cumplen con su función: que los turistas las compren como recuerdo y a los dos meses de tenerlas en su casa, las depositen, con toda responsabilidad y adecuados criterios medio ambientales, en el cubo de los reciclados.

A mi amigo José María, le voy a sugerir que “modernice” la Catedral de Sevilla, la Torre del Oro y los Reales Alcázares para conseguir algo realmente asombroso y lleno de arte como las famosas “Setas”. El problema es que mi buen amigo, arquitecto y artista donde los haya, puede que no esté por la labor.

No es ir contra el progreso y la modernidad, todo lo contrario, pero como decía también aquel actor español de los años 50 en la película ¡Se armó el belén!, “es que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. No todo lo moderno es arte, y no vale arrasar y destrozar nuestro patrimonio cultural. Si de lo que se trata es de llenar la cartera con dinerito calentito a costa de los incautos y pseudos modernos, pues que se diga y que no se dé gato por liebre.