Víctimas de primera, de segunda y de…

125

Que hay gente mala, con la maldad en el túetano y hasta por genética heredada, es algo difícil de aceptar. Los debates sobre la bondad-maldad del ser humano siempre terminan en sofismas, más o menos elaborados, pero que casi, o rozan los axiomas matemáticos o los teoremas más intrincados de imposible solución.

No es que estemos en contra de los homenajes ya que todo homenaje lleva consigo un repudio al contrario. Si se homenajea a las víctimas del terrorismo, a la vez estamos condenando y rechazando a los terroristas. El problema es cuando las intenciones no son honestas, cuando las posturas son sectarias y los comportamientos devienen excluyentes, partidistas y proselitistas. Es lo que está ocurriendo en muchas más de las ocasiones deseadas en nuestro país. (Un inciso, no vamos a poner ni una sola sigla, entre otras cosas porque a buen entendedor…). Es más, la condena al terrorismo debiera ser un frente común, homogéneo, sin fisuras y monolítico, un muro de granito contra el que chocara la violencia terrorista. Y ello por un razón que, no por simple y lógica, muchos no quieren entender: todos los muertos a manos del terror son víctimas en la misma medida, en igual grado y con los mismos méritos contraídos: la fatalidad de estar en el lugar elegido por los terroristas, y tener unas convicciones y unos comportamientos de ciudadanos amantes y respetuosos con los principios democráticos. ¡No hay más méritos! Y todas, absolutamente todas las víctimas, tienen ese denominador común.

No podemos hacer distingos entre víctimas de primera o de segunda o de tercera… no se pueden clasificar a las víctimas en función de su ideología, afiliación o simpatía políticas; es más, son muchas las que no se identificaban con ninguna ideología concreta, simplemente eran nada más y nada menos, demócratas respetuosos con todos los ciudadanos y que aportaron sus ideas, sus pensamientos y su trabajo a la sociedad, porque eran amantes de la libertad, por eso fueron elegidos por los asesinos.

Hacer eso, establecer diferencias, es caer en la miseria humana, tener poca o ninguna dignidad y no respetar la vida de las personas. Son sencillamente actitudes vomitivas. Es más, es precisamente lo que pretenden con su comportamiento los criminales, las organizaciones terroristas que ocupan el escalón mas bajo del abismo, ya que son sujetos denigrados y despreciados por ellos mismos.

En nuestro país tenemos una negra tradición de terrorismo, el etarra, y a pesar de ello, no aprendemos; algunos no comprenden, o no quieren comprender, lo que significa para una familia que se ofenda la memoria de un ser querido haciendo homenajes sectarios y partidistas, y despreciando con ello, al resto de asesinados. En la lista de víctimas del terrorismo de ETA, no son unos mejores que otros, ni tienen más valor que otros: son todos iguales. Su mérito: ser personas normales, demócratas y no comulgar con ideas totalitarias. Es más, en ocasiones, el único y fatal mérito contraído fue sólo pasar por allí.

No se debe manipular la dignidad de las personas. No se puede jugar con los sentimientos de familiares, amigos y allegados, y menos con la memoria de la víctima. Eso es lo que se hace precisamente cuando se rinde homenaje a una persona o a dos, y se olvidan del resto. Esos comportamientos son de una crueldad y una ruindad extrema, porque además de humillar el recuerdo de las víctimas, se ahonda y se hurga en la herida de los que los recuerdan, los quisieron y nunca se acostumbrarán a la ausencia del ser querido. Insistimos, esos hechos, no son dignos de la condición humana, sino lo contrario, manifestación de la indignidad expresada por el sectarismo, es sacar a relucir la condición de las personas malas. Esas prácticas, son merecedoras de la exclusión y del repudio social.

Todos los muertos son iguales, tuvieran la opinión política que tuvieran. ¡Ya está bien de homenajes sectarios y partidistas! Exigimos un poco de respeto a la vida humana y a la memoria de todos a los que segó su vida la mano asesina del terror.

PD: Se puede hacer el mismo planteamiento para los/las asesinados/as por violencia cuando se establecen distintas valoraciones y medidas. La utilización de medios en la investigación, dependiendo de las buenas relaciones que tenga la familia, no debe ser consentida. ¿Se entiende? ¡Sencillamente que nadie politice la muerte de nadie!