Vídeo

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Con esta clase política que nos ha tocado mantener, no se gana para sorpresas. ¡Y mira que algunos ya pensábamos que estábamos curados de espanto! Pero de nuevo, se vuelve a cumplir el axioma: sin un buen substrato, nunca se consigue un buen árbol.

Cuando me llegó vía watsApp el vídeo de Epi y Blas, no me lo podía creer. Había dos razones que alimentaban mi incredulidad: la primera, la osadía de utilizar  dos personajes tan entrañables con fines políticos partidistas, y la segunda la estrechez que algunos otorgan a la democracia. No daba crédito a que personajes tan queridos por los niños, y por muchos mayores entre los que me incluyo, fueran manipulados por un partido político para descalificar otra opción. Cuando algunos manipulan así las cosas es porque desprecian a la ciudadanía y  por ende, a la misma esencia de la democracia. ¡Sencillamente vergonzoso!

Me refiero, como habrá podido deducir, amigo lector, al vídeo en el que Epi y Blas exponen que votar a VOX es apoyar a la izquierda. Que hasta puede que sea verdad, ni entro ni salgo en tan simplista análisis. Ha habido un “líder” que ha llegado a pedir a la formación de extrema derecha que no presente candidaturas en algunas circunscripciones electorales. Eso ataca las raíces de nuestra democracia: el ciudadano tiene derecho a votar a quien le dé la gana, a la opción política que le apetezca. Cercenar ese derecho es robar un gran porcentaje, por no decir la esencia, al ejercicio democrático de la ciudadanía. Pero además, se hace torticeramente. Si tuviéramos una buena ley electoral, tal vez el problema de la sobre representación no se daría. Si el 30% de los votos coincidiera con el 30% de los escaños, la democracia ganaría mucho, y la voluntad popular se vería reflejada de verdad y no tergiversada con la deleznable Ley D’hont. Por eso, a pesar de los problemas que conlleva, somos muchos los que nos pronunciamos por el distrito electoral único para toda nuestra nación y con ello, también la aplicación proporcional de los escaños a los resultados obtenidos por cada lista electoral. Si no se cambia la ley electoral es sencillamente porque, hasta ahora, no le ha interesado a los partidos mayoritarios. ¡Esa es la realidad!

En política, y nos lo demuestran día sí y día también, todo vale, sobre todo para estos autores del “Nuevo Manual de la Democracia Recortada”, con tal de conseguir el poder, y no precisamente para beneficiar a los ciudadanos. Se sisan parcelas de derechos a la ciudadanía cuando se le niega poder elegir libremente. Porque es lo que se propone cuando se pide, casi es una exigencia por el tono empleado, que algunas opciones se retiren de la contienda electoral. Eso, ni más ni menos, es una manipulación descarada y soez de la democracia. Claro, que no es de extrañar cuando estos “demócratas” de nuevo cuño tienen los comportamientos que vienen teniendo: condenan al dictador venezolano, pero no tienen las agallas de condenar al dictador español, quizás por respeto a sus mayores o tal vez porque coinciden con ellos, que tanto daño, y tan irreparable, hizo a nuestra nación. Condenan al dictador venezolano, obedeciendo al emperador yanqui, y se tragan sin rechistar la imposición de un presidente en Brasil que representa los intereses de las compañías petroleras y madereras de EE.UU.

¿Consideran adecuada, estos nuevos demócratas, la actuación de la CÍA en Chile cuando promovieron y subvencionaron el golpe militar de Pinochet y, como consecuencia, los asesinatos de miles de chilenos? ¿Les parece adecuado el golpe alentado y financiado por la CIA en Argentina aupando al poder al General Videla y sus criminales colegas? Si por algo se ha distinguido EE.UU en su corta y turbia historia, es por promover golpes militares en Sudamérica, y en otros escenarios, para seguir gozando del privilegio de explotar, robar y masacrar a los ciudadanos de los países del sur del continente  americano.