Vieja y nueva política en el Parlamento

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Andalucía al Día, Carlos Campanario
Foto Europa Press

“¿Pero tú cuantos años tienes?”, le preguntó el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, a Íñigo Errejón en los pasillos del Congreso de los Diputados el pasado miércoles, 13 de enero, el día en que se formó el nuevo Parlamento y dio comienzo una legislatura que amenaza con ser la más corta de toda nuestra historia democrática. Aparte de cómica, es una frase que podríamos emplear sin problema para resumir el choque generacional que ha comenzado a tener lugar en nuestro poder legislativo.

Mientras que en el Senado la mayoría absoluta del PP les ha permitido renovar como presidente de la cámara a Pío García-Escudero, conde de Badarán, en el Congreso se han visto obligados a ceder. Un pacto de última hora entre PSOE, Cs (votando a favor) y PP (absteniéndose) le ha dado la presidencia del Congreso al socialista Patxi López, que ha obtenido una victoria holgada de 130-71 contra Carolina Bescansa. López, aplaudido por la totalidad de la cámara, dirigirá una mesa muy representativa (3 PP, 2 PSOE, 2 Cs, 2 Ps) donde tendrá que primar la mano izquierda y la habilidad negociadora. Cabe destacar también que repite como vicepresidenta de la cámara Celia Villalobos por el PP, que si por algo se ha hecho famosa no es precisamente por su talante dialogante.

Así pues, la XI legislatura de la democracia española ha comenzado con un pacto entre PSOE, Ciudadanos y PP (porque la abstención vale tanto como el voto a favor) para tener un presidente de la cámara socialista. El gran beneficiado por el acuerdo es, sin duda alguna, Ciudadanos, que teniendo solo 40 diputados ha logrado la misma representación en la mesa que los socialistas y los de Podemos, este último el principal perjudicado.

Podemos comienza la legislatura, no tanto perdiendo la elección para presidir el Congreso (que estaba perdida de antemano), sino viendo frustradas sus expectativas de tener cuatro grupos parlamentarios, lo que incumpliría el artículo 23.2 del Reglamento de la cámara. Los del círculo reaccionan a la defensiva, advirtiendo de un búnker a tres y mostrándose muy beligerantes ante la opinión pública. Podemos ha comenzado agresivo, e inicia las negociaciones marcando líneas rojas y poniéndoselo muy difícil al PSOE. Pedro Sánchez se ve obligado a asumir la tarea, sin duda incómoda para él, de seducir a Pablo Iglesias y los suyos para que se sumen al gobierno de coalición progresista que pretende presidir. Presionado por sus barones regionales (Susana Díaz, García-Page, Fernández Vara), Sánchez se encuentra en una situación delicada. Su liderazgo interno dentro del PSOE depende de si alcanza o no ese objetivo que se ha marcado y para el cuál necesita a Podemos, sin embargo no puede cruzar la línea que los morados han marcado y aceptar la celebración de un referéndum en Cataluña.

A Podemos, a mi juicio personal, le beneficia esta situación, dado que si el gobierno de coalición progresista no funciona y tanto Rajoy como Sánchez se estrellan en sus intentos de investirse Presidente del gobierno, iremos todos a unas nuevas elecciones generales en Mayo. Presumiblemente, los barones del PSOE que ya se han rebelado contra la estrategia de Sánchez pedirán su cabeza, y muchos votantes indecisos irán para Iglesias. Así, se espera también que muchos votantes que han cambiado su voto del PP a Ciudadanos vuelvan a casa al ver que los resultados del partido naranja en las primeras elecciones han sido más bajos de lo que esperaban. Podemos podría colocarse como segunda fuerza y eclipsar a un PSOE sumido en conflictos internos y guerras de poder.

La valoración más positiva que podemos sacar del miércoles es que el Congreso de los Diputados vuelve a ser el centro del debate político. La más negativa, a mi juicio, que parece que un gran sector de la ciudadanía está más preocupado por las trivialidades y las polémicas que pueden haber surgido en esta primera sesión que por la política con significado real. Toda la indignación que se ha formado alrededor de la decisión de Carolina Bescansa de llevar a su bebé (por ser muy pequeño para la guardería, según ella misma ha dicho) ha eclipsado a los verdaderos debates. La realidad es que lo del bebé es una trivialidad, que no es la primera vez que se ve (hace poco lo hicieron Iolanda Pineda, del PSOE, y Beatriz Jurado, del PP) y que debería haber quedado como una divertida anécdota, como sí ha sido para muchos diputados que no comulgan con las ideas de Podemos. Pablo Casado (PP) por ejemplo, le ha dicho a Bescansa ante las cámaras, “¿cómo lo haces?, porque si llega a ser el mío no hubiera parado de llorar”. Otro diputado ha votado a “el niño de Bescansa” para presidir la cámara.

Más de lo mismo con la decisión de los diputados de Podemos de jurar la constitución prometiendo cambiarla. No solo era de esperar, sino que es legal, como avala una sentencia del Tribunal Constitucional referida a la ya famosa jura “por imperativo legal” y que, desde entonces, ha amparado a todas las juras de cargo “alternativas”. Es otra trivialidad que ha indignado a los “tuiteros” y a los cuñados de toda España, y que, aunque ha causado el revuelo habitual entre muchos diputados populares (pero insisto en que era de esperar), ha sido tomada con humor por otros diputados de partidos contrarios, como Albert Rivera, que afirmó en el pasillo que él hubiera jurado por David Bowie. Yo espero, sinceramente, que no haya más caspa en la calle que dentro del Congreso, y que todos estemos más atentos a la actividad legislativa y a la política real de esta legislatura que a las anécdotas y a las trivialidades, porque, larga o breve, si algo va a ser esta legislatura es diferente e intensa.