“Vivir en las nubes anuncia tormenta”, una agradable sorpresa

Por cierto, ¿existe el realismo milennial?

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Portada de Vivir en las Nubes Anuncia Tormenta, de Carolina Levi.

Marta Cruzado es una traductora que vive enamorada platónicamente de Will Cooper, el escritor estadounidense al que traduce habitualmente. Acompañada de sus inseparables Puri y Lina y de su gato Belcebú, transita por la vida como lo haría cualquiera. Todo cambia cuando en la editorial le dicen que Will Cooper vendrá de promoción a España. Vivir en las nubes anuncia tormenta (La esfera de libros) es la primera novela de Carolina Levi. En la contraportada se anuncia mi primer escollo: Es una novela romántica. Sin embargo, el noble oficio de criticar tiene agradables sorpresas. Esta es una.

“Vivir en las nubes anuncia tormenta”, una agradable sorpresa

Hay dos formas de leer esta novela. La primera, claro, es la de lector que lee buscando un objetivo concreto (divertirse, por ejemplo). Por esta parte, nos encontramos ante una novela cuyo personaje principal goza (o sufre, según se mire) del tiempo que nos rodea. Es autónoma, apasionada de las letras, enamoradiza, con una madre atosigadora y un padre que lucha por comprenderla. ¡Ah, y un gato la odia! (“Adorable hijo de Satanás“). Marta Cruzado, que así se llama, es un personaje tan real como lo es cualquiera.

Este tipo de personaje está en boga. Desde que Dunham hiciera Girls para la televisión, el realismo milennial (¿Será este un término recién inventado?) goza de la atención mediática. No obstante, uno no llega al capítulo 5 de Girls sin decir que algo falla. Pobre Hannah, francamente, que la vida está mal, pero tan surrealista no es. Marta Cruzado, por el contrario, tiene los 29 años que tiene cualquiera. 

Para quien escribe o edita, Vivir en las nubes anuncia tormenta es un libro matemático. La experiencia de editora de Levi está reflejada en una estrategia narrativa calculada. Esto nos concede un navegar agradable por un libro que contiene los arquetipos del género romántico. La diferencia está en que no todo tiene porqué salir bien, no todo tiene que ser bonito, ni hay porqué “enrosecer” el lenguaje. Y todo esto, claro, se agradece.

¿Cuánto de bien tienen que hablar los personajes?

Levi narra en primera persona, por lo que le surge instantáneamente un conflicto: ¿Cuánto de bien debe de hablar el personaje que narra la historia? Pensemos en un momento en uno de los grandes ejemplos de literatura en primera persona del pasado siglo: El guardián entre el centeno. En este libro, Salinger es un chico de unos dieciséis que habla como un estercolero. No obstante lo anterior, la novela tiene una hermosura generacional inconmensurable. Salinger consiguió hacer belleza de la basura.

Levi es realista y Marta Cruzado dice “empotrar”, “pinchito” (que no tenía nada de -ito, por cierto)… Si bien una mujer se puede ver muy reflejada en este personaje, quizás eche algo de menos una búsqueda de la estética como fin. ¿Es necesario esto para pasarlo bien leyendo? Pues no, lo cierto es que no. Esta pequeña pega no hace que uno le acabe deseando a Marta Cruzado la mejor de las suertes.

¡Un momento! ¿Realismo milennial?

Que me corrijan quienes sepan de esto que voy a contar, pero, ¿podríamos hablar ya de un nuevo realismo? Quizás haya ya algún término hablando de esto, no obstante, siempre me ha gustado lanzarme al vacío. El realismo milennial sería un realismo basado en unos personajes jóvenes, que claudican irónicamente ante sus desgracias y las asumen como algo que tiene que pasar, diferenciándose de sus antecesores en que apenas luchan para cambiarlo. A su vez, por lo que a España se refiere, los anglicismos son recurrentes y las referencias a la más inmediata cotidianeidad usuales. Ancestralmente, ha habido miedo a decir cosas de la actualidad inmediata por miedo a que no se entendiesen en el futuro.

No sólo lo hace Levi con Marta Cruzado en Vivir en las nubes anuncia tormenta. Ramón Catalayud y su Mario Conde en Secreto de confesión, también. Un ejemplo: Marta Cruzado perrea canciones que están eminentemente de moda (y que yo detesto). Mario Conde sale por las discotecas que nuestra generación ha puesto de moda en Sevilla. Ambas cosas podrían ser extrañas para alguien mayor de cincuenta años o para quien tenga menos de treinta en 2040. ¿Bailarán reggeatón ese año? (Esperemos que no). Como en todo, el tiempo dirá si esto es coyuntural, casualidad o, como (muy tímidamente) digo, estamos ante los primeros pasos de una corriente.