Vuelta al cole

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Foto Europa Press

Llega septiembre y toca despertar, y como ya es costumbre nos despiertan con un bofetón económico en la cara. Pocos momentos más complicados para una familia de clase trabajadora que “La vuelta al cole”. A lo largo del mes comienzan en España las clases, y hay que hablar del elefante en la habitación. Hace ya cuatro años, a pesar de que parezcan 100, de la entrada de Mariano Rajoy en Moncloa. Y no entró solo. No contento, se trajo a un Consejo de Ministros con él, y en ese Consejo se encontraba una persona que resultó ser el primero de los jinetes de Rajoy en dimitir por su falta de popularidad. Sí, estoy hablando de nuestro actual embajador ante la UNESCO, José Ignacio Wert, “Nachete” para los amigos.

José Ignacio Wert no alcanzó a hacer una reforma de la Ley Orgánica de Universidades (LOU) en la línea excluyente y deshumanizadora de la LOMCE, pero tampoco se fue con las manos vacías, porque año a año el Gobierno del Partido popular aprobaba el famoso Real Decreto de Becas, ¿y en qué cambiaba la situación anterior? Es bastante simple. Con Zapatero las becas pasaron a ser un derecho, esto quería decir que cumpliendo los criterios económicos cualquier persona tenía derecho a recibir una beca que cubriera al menos las matrículas, que se habían disparado en los últimos 10 años, además la partida presupuestaria destinada no era fija, lo que permitía que si había más solicitantes de los esperados se pudiera modificar sobre la marcha.

Al paso del Partido popular la hierba no volvió a crecer tras su estela, y las becas dejaron de ser un derecho para convertirse en una recompensa. Con algunas variaciones dependiendo de los estudios que se cursen la situación actual es la siguiente: la partida presupuestaria es fija, es decir, que aunque haya más solicitantes de beca, lo que ciertamente es esperable en un momento de crisis sostenida por los esfuerzos hercúleos de las clases medias y trabajadoras, otra obra del Partido popular. Además de aumentarse los requisitos económicos se establece como conditio sine qua non el tener de media un 6,5 y un 90% de créditos aprobados sólo para la beca que cubre la matrícula, un 100% para tener una cuantía variable que gastar en libros o lo que se precise.

Esto es un despropósito.

Actualmente todas las universidades de España tienen reglamentos de progreso y permanencia que establecen unos mínimos para que una persona pueda continuar sus estudios universitarios, lo que quiere decir que toda aquella persona que se encuentre por encima de esos mínimos pero por debajo de las exigencias para el acceso a una beca está siendo discriminada hasta el punto de ver suspendido su derecho fundamental a la educación establecido en la Constitución por razones de renta. No es difícil, las matrículas oscilan desde los 757€ anuales de Andalucía hasta los 1782€ de la Comunidad de Madrid, y hablamos de un país cuyo salario medio es de 2188€ mensuales y un 34% de trabajadores/as cobrando menos de 645€.

Precios públicos desproporcionados y trabajo precario son el mix para acrecentar una brecha entre unos y otros, y es que el modelo social del Partido popular es una tormenta perfecta de exclusión social. No nos conformemos, no permitamos que una injusticia así se convierta en la normalidad, porque lo que nos están haciendo no es ni medio normal.