Yernísimo

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Si alguien espera la condena de un miembro añadido a la realeza de nuestro país, no anda muy desencaminado. “La justicia es igual para todo el mundo” dijo el suegrísimo cuando salió a la luz pública lo que el supersuegro sabía desde hacía muchísimo tiempo, mismamente desde que empezaron los tejemanejes del ex-deportista.

El chico, acostumbrado a meter muchos goles, debió pensar que no había colgado las botas y todavía podía seguir goleando y triunfando a costa del braguetazo. ¿Quién se va a atrever a meterse con el yernísimo?, se preguntaba. Y para redondear la faena se le unió un socio listo (ambos términos en masculino en este caso, no en femenino) que le regaló el oído: “no te preocupes, yo me encargo de todo y tú a poner la mano”, sin necesidad de mucho esfuerzo para convencer al chico.

Ahora, pasado algún tiempo, con el suegro jubilado y viviendo su retiro dorado y adorado, los jueces se han visto en la tesitura, obligados por un juez rebelde, de condenar al yernísimo. El problema es que no les va a quedar más remedio que condenarlo. La chica, la señora del yernísimo, no sabía nada y por lo tanto será absuelta de toda sospecha malsana y tendenciosa de tanto rojales republicano que hay en este país. Pero que no se preocupen las almas puras, bien educadas, con clase y estilo que la alta alcurnia que le corresponde al yernísimo por razón de su “consortismo”, no permite que la sentencia que le impongan, la mínima por supuesto, sea cumplida: ya está redactado el decreto de indulto; si acaso un entrar y un salir sin más y, eso sí, sin pasar del despacho del director del centro penitenciario que el yernísimo elija, ¡faltaría más!

Hay que dar una lección a tanto juez rebelde, a ver si entienden de una vez por todas que no se puede condenar a nada a la clase suprema de este país. Por ello, para que parezca que la justicia es igual para todos, se hace la pantomima, se permite el juicio (de todas formas los gastos se pagan con los impuestos recaudados a los currantes de a pie), se pronuncia con toda la formalidad del mundo la sentencia condenando al interfecto y, como se contempla en la ley, se concede el indulto al yernísimo. Todo perfecto, formal y ajustado a la ley. Y a cerrar la boca todo el mundo que para eso “la justicia es igual para todos”. Lo del cumplimiento de la condena impuesta ya es otra cuestión, para eso están los indultos. Por supuesto la clase política no se atreverá a poner en tela de juicio la medida absolutoria y, en caso de que alguno se atreva, pues no se admite a trámite la pregunta parlamentaria y ¡santas pascuas¡ Ya se encargarán la prensa y los medios de (in)comunicación de hacer el vacío a los que osen desafiar las buenas maneras.

A ver si dejamos claro que lo de la clase de los intocables no es exclusiva de la sociedad tradicional de la India. Nosotros, para no ser menos, también tenemos una clase intocable. Claro que aquí no es la clase de los desheredados, sino todo lo contrario: la clase de los herederos de privilegios, alta alcurnia y limpieza de sangre. Lo de los intocables indios, los apestados, no tiene nada que ver con nuestros intocables; nosotros, sociedad avanzada, moderna y rica, estamos en otra dimensión, ¡estamos en Europa!.
Llueve sobre mojado: las correrías, juergas privadas, safaris, hoteles de superlujo, yates y caprichos de todo tipo del suegrísimo se han pagado con dinero público y no se puede investigar ni hablar del tema.

Eso sí, al socio del yernísimo le va a caer la “mundiá”. ¡Privilegios de alcurnia!