“Yesterday” y una reflexión sobre Paul McCartney

Yesterday y su guión de Richard Curtis se añaden a la sonriente lista de películas bonitas.

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El día del espectador se llama así porque es el único día en que alguien puede ir al cine, así que la industria cinematográfica condecora el día en que, efectivamente, hay alguien en el cine. Entre ese “espectador mayestático” me encontraba yo el miércoles pasado viendo Yesterday.

Yesterday, el sueño del Beatlemaníaco

Tenía ganas de ver Yesterday por el argumento. Lo cierto es que Richard Curtis (guionista del film) dio con una de mis fantasías musicales. Como cualquier persona que haya cogido alguna vez una guitarra, he soñado con que la memoria colectiva de Sabina se borrara y el único que se acordase de sus letras fuese yo, compositor ficticio de, entre otras, A la sombra de la chimenea.

Richard Curtis, por cierto, es el gran especialista del género “bonito”. Películas que no te cambian la vida, pero que da gusto verlas. Le encontrarán en los textos de Love actually o Notting Hill. Yesterday se añade a esta sonriente lista. El argumento: de repente, nadie se acuerda de que durante los años 60, cuatro muchachos de Liverpool cambiaron el mundo. El único que se acuerda es Jack Malick, músico fracasado que, de repente, triunfa cantando las canciones de Paul, George, John y Ringo.

Claro, que ¿Cómo no va a triunfar si está tocando las canciones de los Beatles? Hay un momento maravilloso: Con cierta condescendencia, los padres del fracasado protagonista se resignan a escuchar una de sus nuevas canciones, titulada Let it beSi algo tiene de bueno el arte es que lo bueno no sólo se reconoce, sino que, además, perdura. En cierto modo, Yesterday señala con el dedo al excremento que suena hoy en radios y discotecas.

Para leer una crítica más amplia sobre la película, me remito a la columna de Boyero en El País. No está bien escribir dos veces lo mismo.

Una reflexión sobre McCartney

Mientras avanzaba la película me fijaba en que gran parte de las canciones eran de McCartney. El viernes, después de una fiesta, llegué a casa, me tumbé en la cama y me acordé de una conversación con Ana y Juan, de camino a la Facultad. Ellos habían puesto un recopilatorio de Beatles y yo decía que Lennon sí, pero que McCartney era poco menos que un estorbo para el verdadero genio creador.

Por supuesto, el uno no se entiende sin el otro y es mezquino buscar esa trifulca. Pero dentro de la mezquindad, debo reconocer, cerca de diez años más tarde, que Ana y Juan tenían razón. Ana dijo: “Sí, Lennon era el guay, pero Paul era el que le guiñaba el ojo a mi madre por televisión”. Y luego tuvo razón Cynthia, con quien tuve la misma conversación. Ella decía que McCartney fue el que mantuvo el espíritu Beatle hasta el final.

Si se hacen las cosas más o menos bien, la adolescencia se supera. Se pasan el acné, las hormonas y la música mala. Y, entonces, uno empieza a escuchar a los Beatles, a los Rolling y a los Led Zeppelin. Sin embargo, esto va por capas: Primero te gusta Ringo porque es simpático. Luego, el romanticismo de Harrison te seduce. Después, te identificas con el antisistema Lennon. Finalmente, te rindes al a veces azucarado McCartney.

Y entonces te ves después de una fiesta tumbado en tu cama escuchando The long and winding road. “Mañana tengo realmente poco que hacer -piensas antes de dormir-. Así que iré a comprar a las tiendas del barrio, desayunaré como desayunan las personas. Y luego cogeré la guitarra y espero que los vecinos se hayan ido de fin de semana, porque pienso estropear canciones durante toda la tarde”.

Ed Sheeran y la comedia, no sé si voluntaria

Detalle magnífico: Ed Sheeran -sí, sale en la película- también alucina con el primer disco de Jack Mallick, donde se encuentran canciones como I saw her standing there o I wanna hold your hand. Como se pueden imaginar, Ed Sheeran se da cuenta del talento del tipo y, en un momento dado, reconoce que es mejor de una manera épica. “Siempre me habían dicho que el mejor era yo”, dice el simpático cantante británico.

Traduzcamos el mayor “hit” de Sheeran, Shape of you: “La disco no es un sitio para buscarse una novia, así que al bar es a donde voy. Yo y los colegas estamos en la mesa bebiendo chupitos y hablando de las cosas. Vente p’acá que vamos a tener una conversación. Tú tranqui que de algo hablaremos. Coge mi mano, pongamos a Van Morrison en la jukebox y bailemos. Y luego canto en plan: Niña, sabes que quiero tu amor. Tu amor está hecho a mano para alguien como yo. Vamos, sígueme. Vamos, sígueme. Me gusta tu silueta. nos atraemos como imanes. Aunque mi corazón se esté pillando, a mí me gusta tu cuerpo.”

Envidio el sarcasmo del guionista. Ed Sheeran, después de cantar cosas como esta, dice en la película que creía que era el mejor. Como se dice en Andalucía occidental: Sus cojone ahí. No Sting, no Michael Jackson, no Bob Dylan, no los Rolling Stones, él. Hay que tener guasa.