Yo voté a Kodos

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Hace años el mal llamado bipartidismo en España se resquebrajaba por la entrada de un nuevo actor en el escenario político nacional: Unión Progreso y Democracia. Como si de un nacimiento de la cabeza de Zeus se tratara, de entre los cabecillas del PSOE un factor descontento se escindió creando un nuevo aparato político. Entraron con fuerza denunciando los males emanados de los dos grandes titanes que habían gobernado España al menos durante las dos anteriores décadas. Muchas de esas denuncias tenían mucho sentido, e hicieron bien a nuestro sistema, y como en todo, en otras ocasiones fallaban el tiro, no sé si por no atinar al objetivo, o si sólo querían quemar el cargador. El caso es que se oía algo entre miembros y votantes de ese partido tan viejoven: “A mí no me mires, yo voté a Kodos.” Con esto, estas personas intentaban crear un relato: son todos iguales, y daba igual haber votado al PP o al PSOE.

Tiempo después, muchos jóvenes llenamos plazas de todo el país con estrategia heliocéntrica para reclamar un cambio en el sistema, una mejora de las instituciones democráticas. Comenzaba el 15M. El problema del 15M, como se suele decir, fue el 16M. Lo que ocurrió después fue la reconversión del movimiento en un conjunto cerrado herméticamente que no aceptaba la entrada a personas que tuvieran el carnet de determinados partidos, o que tuvieran determinadas ideas, con independencia de que éstas fueran de izquierdas. La cuestión era excluir a los que habíamos votado a Kodos.

La idea de que todos eran iguales protagonizó las elecciones generales de 2012. El resultado, evidentemente influido por esa campaña, fue el que fue: el PP sacó la mayoría absoluta que todos conocemos hoy.

Y por un momento abandonemos España y crucemos el charco para ver qué pasa con nuestros aliados del Atlántico Norte, porque Estados Unidos acaba de elegir a un presidente diametralmente opuesto a Barack Obama, también a Hillary Clinton, y que más allá de consideraciones ideológicas, es explosivo, irreverente, bastante faltoso, muy machista, y terriblemente populista. ¿Y qué tiene que ver esto con España? Y no, no voy a comparar a Trump con Rajoy, ni mucho menos a Trump con Pablo Manuel Iglesias; aunque creo que el PP agrupa posiciones de extrema derecha, y creo que Podemos tiene un discurso muy populista.

Y quiero pedir perdón a los politólogos que me leen, esto no es un criterio científico-técnico, sino la opinión de un humilde interesado en política.

La campaña de Trump fue anti-stabishment, como se suele decir, pero, ¿qué quiere decir esto? Quiere decir que atacaba a los poderes establecidos, a pesar de ser parte de esos poderes. Y consiguió personalizar los poderes establecidos en la figura de Hillary Clinton. Con esto, Donald Trump evitó rechazar las críticas a que él fuera malo señalando la maldad de Clinton. Y Clinton hizo efecto espejo, porque en vez de rechazar las críticas, hizo peraltar su estrategia en la idea de que había que votarla a ella por lo terrible que sería elegir a Trump presidente. Hillary Clinton cayó en una trampa.

En EEUU, al igual que en España, el PSOE y los Demócratas no han sabido cómo sacar a una enorme masa electoral de una falsa equidistancia que en realidad nace de la ignorancia, porque la verdad es que, se esté más o menos de acuerdo con estos partidos, hay grandes cuestiones que los diferencian de sus adversarios políticos.

Por cierto, para no llamar a confusión, este artículo lo firma un votante de Kodos.